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El reciente discurso del presidente de la Reserva Federal americana, Ben Bernanke, sobre los tipos de interés se ha notado de inmediato en la cotización del dólar. La divisa americana subió ayer frente al yen y el euro en respuesta al amago de Bernanke de que los tipos «volverán a subir algún día», aunque de momento y hasta nueva orden se mantienen bajos, entre el 0 y el 0,25%.
Las palabras del banquero central de Estados Unidos se podían interpretar como la botella vacía o la medio llena: se podía poner el énfasis en sus hechos -el precio del dinero sigue y seguirá congelado, el balance de la Fed sigue abultadísimo y sin ninguna intención inmediata de desprenderse de activos- o en sus palabras, es decir, que tanta heterodoxia no puede ser para siempre y tendrá que acabar algún día. No de momento porque la economía no lo permite. Sin mostrar en ningún momento sus cartas, Bernanke se resistió a fijar una fecha para volver al redil monetario.
Tanto suspense se reflejó en el dólar, que acababa de caer a su mínimo histórico en 14 meses, algo que oficialmente preocupa a la Casa Blanca pero que algunos expertos sospechan que no tanto. Hay quien incluso les acusa de no hacer nada para evitarlo. La explicación es que un dólar débil ayuda a la exportación y esa puede ser la única vía de recuperación mientras no reacciona la demanda interna.
En todo caso el discurso del presidente de la Reserva Federal y su inmediato impacto en la divisa puede tratar de poner un límite a su caída libre.
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