Actualizado Viernes, 09-10-09 a las 16:41
Con tan sólo nueve meses en la Casa Blanca, y una gestión de gobierno dominada por grandes proyectos pendientes y cuestiones de política doméstica, el Nobel de la Paz para el presidente Obama es más bien un premio a las buenas intenciones que a resultados tangibles dentro del abultado memorial de conflictos en la arena internacional. Con mucho más entusiasmo que éxitos.
El impulso de la Administración Obama para resucitar la paz en Oriente Medio no ha logrado nada. Para la retirada militar de Irak habrá que esperar todavía hasta el próximo verano. En Afganistán, con la iniciativa en manos del enemigo, el gran dilema planteado es la necesidad de enviar más tropas. No se sabe si el cuestionable limbo de Guantánamo terminará en enero. Y ante el desafío de proliferación nuclear de Irán y Corea del Norte, todavía no hay mucho más que aspiraciones a negociar.
En contraste, los otros dos presidentes de Estados Unidos que se hicieron con el Nobel de la Paz mientras ocupaban el despacho oval -Theodore Roosevelt y Woodrow Wilson- recibieron el galardón bien adentrados en su experiencia de gobierno y por esfuerzos más que retóricos. Además, el comité designado por el parlamento de Noruega para otorgar este premio ya ha disfrutado de amplias oportunidades para repudiar la política exterior de la Administración Bush al homenajear con entusiasmado internacionalismo a Naciones Unidas, Jimmy Carter, Al Gore y el Organismo Internacional de la Energía Atómica.
No es de extrañar que la propia Casa Blanca haya reconocido al amanecer de Washington que el Nobel de la Paz para el presidente Obama les ha pillado desprevenidos.
Desde Escocolmo, Carmen Villar Mir informa de que la decisión del Comité Nobel al conceder el premio de la Paz al presidente de los Estados Unidos ha ocasionado un terremoto de opiniones, y no todas favorables. Se acusa a los noruegos de ganas de protagonismo al elegir al hombre más poderoso del mundo, que se ha declarado «muy honrado» por este honor.
Aunque el nombre de Obama apareció en algunas quinielas, la lectura de la proclamación produjo tal excitación y asombro que el presidente del Comité Nobel, Thorbjörn Jagland, tuvo que esperar unos segundos a que terminara la ola de comentarios de la audiencia antes de terminar su lectura.
La proclamación del premio, uno de los acontecimientos más importantes del año en Noruega, tuvo lugar hoy a las 11.00 en punto de la mañana en Oslo. Varias docenas de periodistas, televisiones de todo el mundo y un centenar de representantes de la vida política y social acudieron desde muy temprano al austero edifico del centro de esta capital, donde el Comité Nobel (formado por un varón y tres damas) tiene su sede.







