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El día después de recibir un sentido homenaje popular en su localidad natal, Santpedor, Guardiola protagonizaba unas imágenes mucho menos distendidas y emotivas. A la vista de unas cámaras de televisión, el laureado entrenador del Barcelona y el director deportivo de la entidad azulgrana, Txiki Beguiristain, gesticulaban y hacían aspavientos dignos de un profundo desencuentro. Nada ha trascendido del motivo de tan acalorado debate, que asienta, sin embargo, la tesis de que entre Guardiola y la actual Junta directiva hay un abismo de distancia. Las relaciones con el presidente Laporta, más que frías, son glaciales. De ahí que sus agendas profesionales y personales lleven caminos opuestos, lo que provoca en Laporta un nada disimulado resquemor. En el homenaje a Pep del pueblo que le vio nacer faltaba Laporta, un dato corriente siempre que los eventos en los que participe Guardiola sean organizados por otras entidades, asociaciones o instituciones.
La excusa esta vez es el viaje que el presidente, junto al empleado que ordenó espiar a cuatro vicepresidentes, lleva a cabo por Ecuador, una «gira» benéfica para inaugurar una escuela del Barça en Manta, una deprimida ciudad ecuatoriana en la que el club barcelonés atiende a 160 niños en unas instalaciones educativas y deportivas.
La última vez que Laporta intentó aparecer junto a Guardiola fue en el desplazamiento del equipo a Málaga, dos días después de que se hiciera público que el director general del club, Joan Oliver, había contratado una agencia de detectives. En esa ocasión, Guardiola evitó todo contacto con Laporta, aunque no pudo hacer lo mismo con Oliver -que no es un habitual en los viajes con el primer equipo-, quien consiguió que las cámaras le captaran al lado del entrenador.
A la vuelta de Málaga, en la «jardinera» que llevaba a algunos directivos, periodistas y al propio Guardiola desde la pista a la terminal de El Prat, fue donde Laporta, Oliver y otros directivos hicieron chanza del caso de los espías tarareando la canción de la Pantera Rosa, broma que no fue precisamente del agrado del resto de los presentes.
Renovación pendiente
Ahora, en pleno debate en la Junta para ver quién es el candidato continuista, Laporta sabe que no puede contar con el apoyo de Guardiola, que se ha negado a renovar su contrato con el club por dos razones: la primera, para no condicionar el proceso electoral, y la segunda, porque las condiciones que le ofrecen a su segundo distan mucho de las de cualquier otro ayudante de un equipo de primera línea. Tampoco hay que olvidar que Guardiola participó en otra candidatura, la del publicista Lluís Bassat, cuya relación con Laporta, tras unos tanteos iniciales, es perfectamente mejorable.
En este contexto, Guardiola mantiene el pulso con la Junta porque tiene garantizada su continuidad (a expensas, eso sí, de los resultados) tanto si gana una candidatura continuista como si lo hacen Sandro Rosell o Ferran Soriano, los hipotéticos aspirantes con más posibilidades.
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