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Miércoles, 07-10-09
En mayo de 2008, durante su toma de posesión, Dmitri Medvédev juró sobre la Constitución rusa «respetar y defender los derechos y libertades del hombre y del ciudadano». Acto seguido, en un discurso solemne, el nuevo presidente aseguraba que los derechos y libertades «son el valor supremo y constituyen la médula de la actividad del Estado». Lamentablemente, estas palabras no reflejan la realidad.
Amnistía Internacional (AI) ha destacado en diversos informes recientes que en la Federación Rusa se está reduciendo drásticamente el espacio para que se difundan públicamente opiniones que no gustan al Gobierno. Muchos profesionales y medios de comunicación independientes, defensores y organizaciones de derechos humanos sufren acoso e intimidación y son tachados por la prensa y los representantes gubernamentales de «antipatrióticos». Expresar desacuerdo o disconformidad puede conllevar un alto riesgo de sufrir violaciones de derechos humanos.
Esta situación se agrava en zonas de conflicto como el Cáucaso Norte, en especial Chechenia, donde en muchas ocasiones la situación de acoso e inseguridad acaba con el asesinato del periodista o defensor. Por desgracia, los ejemplos a este respecto son numerosos y muy recientes.
Hoy se cumple el tercer aniversario del asesinato en Moscú de la periodista y defensora de los derechos humanos rusa Anna Politkóvskaya. Había denunciado la situación de violaciones de derechos humanos en el Cáucaso septentrional, tanto en Chechenia como en otras repúblicas de la región. Debido a estas actividades fue amenazada, víctima de acoso e intimidación. Muy probablemente la mataron porque no quiso callarse.
AI pidió reiteradamente una investigación exhaustiva del caso, que permita encontrar al asesino, sus instigadores y sus cómplices, y hacerles comparecer con las debidas garantías ante la justicia. El caso no se ha resuelto.
Por desgracia, el asesinato de Politkóvskaya no es un hecho aislado. En este último año se han producido los asesinatos de la defensora de derechos humanos Zarema Sadulayeva y su esposo -en agosto-, que se suman al de Natalia Estemirova -en julio-, y a los del abogado y defensor de los derechos humanos Stanislav Markelov y la periodista Anastasia Baburova -en enero-. Estas dos víctimas eran además amigos íntimos de Anna Politkóvskaya.
Desgraciadamente, las promesas del presidente ruso y del presidente checheno, Ramzan Kadyrov, de que encontrarán a los responsables de todos estos asesinatos merecen poca credibilidad.
Toda esta cadena de crímenes ha contribuido a que se vaya apagando la luz del escrutinio público en Chechenia. Primero se prohibió la presencia de organizaciones internacionales y periodistas; ahora están eliminando a miembros de la sociedad civil local.
Amnistía Internacional considera ineludible que la inminente Presidencia española de la Unión Europea asuma el compromiso firme de promover medidas concretas, coordinadas y de público conocimiento dirigidas a presionar a las autoridades rusas para que pongan fin, de una vez por todas, a la impunidad de la que gozan los autores de homicidios y secuestros de activistas de derechos humanos, abogados y periodistas en la Federación Rusa.
Prta. de Amnistía
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