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«He tenido que hacer llorar»
Lago encarna al profesor de Física y Química, don Luis Dopazo | ABC
Jóvenes de hoy con los métodos educativos de ayer
¿Qué sucedería si reunieramos bajo el mismo techo a estudiantes de hoy con los maestros de antes? ¿Soportarían la disciplina?¿Podrían estar sin móviles, IPod, ordenadores y Mp3? ¿Aceptarían todo de buena gana o les harían frente? Esas son algunas de las cuestiones que se van a ver a lo largo de las próximas semanas en «Curso del 63» en Antena 3. Sin pretender ser un retrato exacto de los colegios e institutos de aquellos años este espacio es un «docu-reality» en el que un grupo de jóvenes de hoy conviven bajo los valores culturales y las estrictas normas educativas de los años sesenta. Este nuevo espacio pretende mostrar otra visión del reciente abierto debate educativo.
-Los alumnos, ¿estaban acostumbrados a que les plantara cara un profesor?
-No lo llamaría «plantar cara», es decir, no es tanto un enfrentamiento como decir que las cosas son de una manera y punto. Están acostumbrados a hacer lo que quieren, tenerlo todo ya y no respetar la figura del profesor.
-¿Qué es lo más curioso que ha visto en el internado?
-Era muy difícil que yo tuviese la última palabra, siempre oía un eco y volvía. Me ha dolido, como precepto, que se faltaran al respeto entre ellos.
-¿Qué carencia grave traían?
-Tienen tantas cosas que eso se convierte en su carencia, no son capaces de valorarlo y eso es lo más triste.
-¿Cree que ha cumplido la misión que se le encomendó?
-Eso debería decirlo el director de «San Severo». Pero, a título personal, la experiencia es muy satisfactoria.
-¿Ha tenido que tomar alguna decisión difícil?
-He tenido que hacer llorar, no premeditadamente, pero he causado lágrimas en muchos y es doloroso, pero ha tenido un buen desenlace.
-¿Qué castigo es el más original?
-La dependencia. Las malas actitudes de uno provocaban castigos en los otros. Entonces, cuidaban de que esta persona se portara bien para que no repercutiera en ellos.
-¿Le costó adaptarse?
-Adaptarse a una época con una serie de valores muy positivos y reales no me resultó difícil. Era todo tan perfecto, desde los útiles de afeitado, el vestuario, la comida, todo, que he vivido el año 63. Realmente era una máquina en el tiempo absoluta.
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