Lunes, 05-10-09
En un libro de recuerdos Joaquín Calvo Sotelo se saltó todos los relacionados con el 23F. Simplemente se comió la intentona golpista. Saltó de un capítulo titulado «antes del 23-F» a otro titulado «después del 23 F». Así que el presidente cuya elección había sido interrumpida por la entrada de Tejero y sus guardias civiles en el Parlamento no dedicó una sola palabra a la trama desestabilizadora en un libro de memorias.
Un comentarista calificó esta autocensura de Calvo Sotelo como una prueba de su proverbial sentido del humor. En realidad era la demostración patética de su impotencia para contar la verdad, «su» verdad, y, de paso, para reconocer la imposibilidad de hacer la historia de ciertos hechos recientes.
Ahora, tan tardíamente, casi treinta años después, Jordi Pujol levanta una punta del tapete en la parte correspondiente a aquel episodio, humillante para todos los españoles y revelador de las debilidades de nuestro proceso democrático.
A estas alturas el ex presidente de la Generalidad catalana nos revela que Enrique Múgica estaba en la cocina de los hechos hasta el punto de que le invitó a él a participar en la operación. Al margen de algunos episodios de Múgica en su viaje a Cataluña, las alusiones de Jordi Pujol a su entrevista con éste son, hasta la fecha, el testimonio más comprometedor para el Partido Socialista en relación con el montaje de la intentona del 23-F. Las palabras de Pujol aluden indirectamente a Felipe González y directamente a quien fue el emisario y es hoy Defensor del Pueblo.
Pujol es absolutamente consciente de que sus memorias ponen frente a la pared a un político que se ha distinguido siempre por su beligerancia contra los nacionalismos y que, en estos momentos, tiene un cargo de cristal. Sólo la respuesta podría impedir su ruptura.

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...