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Lunes, 05-10-09
Reinhard Mohn, figura señera del empresariado alemán de la posguerra, ha reflexionado como apenas ningún otro empresario alemán de su tiempo sobre su compromiso social y empresarial. El resultado es un ideario que comenzó a forjar tempranamente y que ha ido ampliando y actualizando al hilo de las experiencias personales que iba acumulando en las diversas etapas de su vida: durante su disciplinada adolescencia en el ambiente protestante del hogar paterno, como soldado y oficial en varios frentes de guerra y prisionero en un campo de Estados Unidos, y a partir de 1946, como responsable, con sólo 25 años de edad, de la imprenta y editorial familiar, destruidas por los bombardeos aéreos de su Gütersloh natal.
Desde esa responsabilidad fue Mohn construyendo el Grupo Bertelsmann, uno de los mayores complejos editoriales, mediáticos y de servicios del mundo, y la Fundación Bertelsmann, una factoría de ideas e impulsos para la transformación de la sociedad.
Ambas actividades, la empresarial y la fundacional, han sido impulsadas también en España por Reinhard Mohn, que sentía una afinidad grande con nuestro país.
Reinhard Mohn ha reconocido tempranamente que en el mundo de la empresa y las instituciones necesitamos un claro compromiso ético, capaz de armonizar el factor humano o la idea de humanidad con la actuación económica, y que este compromiso pasa por el desarrollo de una cultura empresarial vigorosa, claramente formulada, inspirada en una ética de responsabilidad social y codificada en manuales internos de comportamiento, cuyo cumplimiento es exigible a directivos, colaboradores y accionistas. Entre sus valores básicos figuraban la cooperación , el espíritu empresarial, la creatividad y el compromiso social.
En estos tiempos de crisis, en que urge en el mundo el establecimiento de un orden basado en objetivos éticos y comportamientos humanos que concilien el derecho de los ciudadanos con los intereses y objetivos de la sociedad, se hace especialmente patente la necesidad de empresarios como Reinhard Mohn. La motivación económica, la responsabilidad social y la cultura democrática no eran para él elementos incompatibles sino factores constitutivos e inseparables del imperativo empresarial.
Quien, como yo, ha tenido la fortuna de colaborar desde España con Reinhard Mohn durante varias décadas desde los años sesenta, ha perdido ayer un referente y ejemplo admirado.
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