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El Sínodo de África reflexiona sobre el «continente olvidado»
Benedicto XVI, ayer, en la Basílica de San Pedro durante la inauguración del Sínodo de África | AP
Clamor por las víctimas de las catástrofes de Asia
Durante el Ángelus de ayer, Benedicto XVI pidió a la comunidad internacional que ayude generosamente a las zonas de Asia y el Pacífico que han sufrido catástrofes naturales: «El tsunami en las islas de Samoa y Tonga, el tifón en Filipinas que ha afectado también a Vietnam, Laos y Camboya, y el devastador terremoto en Indonesia», mencionó el Papa.

El Santo Padre salió al paso del cansancio de la solidaridad que sufre el mundo occidental cuando las tragedias se producen en zonas lejanas, o incluso en territorios cercanos como ha sido la avalancha de fango en Sicilia, a consecuencia de la edificación sin permisos ni normas.

El Papa se refirió también a los conflictos de África, manifestando su preocupación por «los graves episodios de violencia en Guinea», enviando su «condolencia a las familias de las víctimas» e invitando a las partes en conflicto al diálogo y la reconciliación.
En un clima de esperanza a pesar de tantos problemas, Benedicto XVI inauguró ayer el Sínodo de África, que durará tres semanas, poniendo en guardia al continente ante dos «peligrosas patologías»: el materialismo práctico, una especie de «residuo tóxico» del mundo occidental, y el fundamentalismo religioso que falsifica el nombre de Dios para difundir «la intolerancia y la violencia».
Los rítmicos cantos africanos durante la misa concelebrada por el Papa y los 239 padres sinodales, crearon enseguida un clima de fiesta especial en la Basílica de San Pedro. En una homilía llena de optimismo, el Santo Padre reconoció que África da ejemplo al mundo en «reconocer el primado de Dios como Creador y fuente de la vida».
El Papa comentó que «cuando se habla de los tesoros de África, se piensa enseguida en sus recursos naturales, que a veces son causa de explotación, conflictos y corrupción, pero la Palabra de Dios nos invita a mirar a otro patrimonio: el espiritual y cultural».
Dos peligrosas patologías
Desde ese punto de vista, «África representa un inmenso «pulmón» espiritual para una humanidad en crisis de fe y de esperanza», pero el Papa advirtió que este «pulmón» puede enfermar bajo el ataque de dos peligrosas patologías: el materialismo práctico, difuso en el mundo occidental, y el fundamentalismo religioso mezclado con intereses políticos y económicos».
Benedicto XVI denunció que «el llamado «primer mundo» ha exportado y sigue exportando residuos tóxicos espirituales, que contagian a la población de otros continentes, en particular la africana. El colonialismo, desaparecido en el plano político, no ha terminado del todo».
El «segundo virus», según el Papa, es «el fundamentalismo religioso mezclado con intereses políticos y económicos. Los diversos grupos que se están difundiendo en el continente africano invocan el nombre de Dios pero según una lógica opuesta a la divina, pues no enseñan ni practican el amor y el respeto a la libertad sino la intolerancia y la violencia».
Como prólogo a la reunión de 244 cardenales y obispos, 29 expertos, 49 observadores, seis representantes de otras Iglesias cristianas y tres invitados especiales del Papa, la homilía de ayer era una invitación a «ponerse a trabajar» en el tema del Sínodo: «La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, de la justicia y de la paz».
Se trata del segundo Sínodo de África, después del presidido por Juan Pablo II en 1994 y que dio lugar a la Exhortación Apostólica «Ecclesia in Africa», la guía maestra en la evangelización del continente. Al cabo de 15 años, Benedicto XVI quiere estudiar de nuevo los problemas y las potencialidades de una zona en rápida mutación donde se registra el mayor crecimiento del catolicismo en todo el mundo.
Según el arzobispo Nikola Eterovic, secretario general del Sínodo, en los últimos treinta años el número de católicos ha subido desde 55 millones a 146, es decir, que casi se ha triplicado en este periodo de tiempo.
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