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Barroso diseña una estrategia que impida a Klaus bloquear la Unión Europea
El ex presidente del Parlamento Europeo Pat Cox (trajeado, a la izquierda) celebraba ayer en las calles de Dublín el triunfo del «sí» en el referéndum sobre el Tratado de Lisboa | EFE
Si el sentimiento de alivio se pudiera medir de alguna manera, ayer en Bruselas se habría batido el récord del mundo. Con razón. La vicepresidenta de la Comisión Europea, Margot Walstrom, saludó oficialmente el «sí» de Irlanda de esta guisa: «Lo celebraré con una buena punta de Guiness». El referéndum no resuelve todos los problemas, pero despeja el camino para que en los próximos meses se ponga fin al más largo periodo de incertidumbre institucional de la historia comunitaria.
El presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, se encargó de subrayar el hecho de que, tras el segundo voto irlandés, «todos los países han terminado democráticamente el proceso de aprobación del Tratado» en las distintas instituciones. Al proceso de ratificación le falta la firma del presidente checo, Vaclav Klaus, y de su colega polaco, Lech Kazczynsky, aunque la del primero es la única que preocupa. Barroso dijo ayer, no obstante, que «después de que el Tratado haya sido aprobado por el Parlamento checo, tengo razones para creer que la República Checa completará el procedimiento de ratificación».
Lo que no ha podido evitar el referéndum de Irlanda es que las instituciones comunitarias pasen por cierto periodo de interinidad. El Consejo Europeo estableció que decidiría qué hacer «cuando hubiera más claridad», pero el recurso al Tribunal Constitucional interpuesto por el partido de Klaus ha enturbiado de nuevo el calendario. «Hasta en el escenario más positivo» de los trámites de ratificación, «la Comisión tendrá que estar un tiempo a cargo de los asuntos corrientes», ha reconocido Barroso.
Bajo las reglas del Tratado
Su mandato termina a finales de este mes y, en efecto, no se ve cómo podría haber formado una nueva Comisión antes del primero de noviembre. Lo que sí ha dejado claro Barroso es que la nueva Comisión se creará bajo las reglas del Tratado de Lisboa, es decir, con un comisario por país y un vicepresidente que será a la vez el Alto Representante para la Política Exterior.
El presidente interino, que ya ha sido confirmado por el Parlamento para un nuevo mandato, reconoció que no ha empezado a negociar la lista de nombres para la nueva Comisión, porque espera conocer a quiénes designarán los países miembros para este puesto tan estratégico, que en parte sucederá a Javier Solana. Éste, que calificó la jornada de ayer de «histórica para Europa», también permanecerá en su puesto en funciones durante cierto tiempo.
¿Cómo acelerar este proceso? Mañana está prevista una reunión entre Barroso, el presidente de turno, el sueco Fredrik Reinfeldt, y el primer ministro checo, Jan Fischer, en la que se decidirá cuál es el escenario más probable de la reclamación al Constitucional en Praga. Las posibilidades de que esté ventilada antes de fin de año, como sostiene Fischer, son pocas, pero la presidencia checa quisiera explorarlas para tratar de mantener in extremis el control del proceso de los grandes nombramientos: el de vicepresidente de la Comisión y el del presidente del Consejo.
«Gracias, Irlanda»
Barroso le dio a Irlanda un expresivo «muchas gracias» porque, en efecto, éste ha sido el mejor regalo para desbloquear una situación en la que aumentaban claramente las fuerzas nacionalistas antieuropeas. La Comisión hará un estudio para establecer las razones por las que, en poco más de un año, los irlandeses han pasado de la reticencia activa contra Lisboa al entusiasmo desbordante que demostraron el viernes. Cuando le preguntaron al presidente de la Comisión si creía que era a causa del miedo, dijo: «Es al revés, los que han jugado con la idea del miedo han sido los partidarios del «no»».
Tal vez sea un poco exagerado afirmar, como el nuevo presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek, que Irlanda «ha vuelto al corazón de Europa», pero en cualquier caso se ha ganado su derecho a seguir teniendo un comisario pase lo que pase.
La vicepresidenta Wallstrom atribuye el cambio en el ánimo de los irlandeses al hecho de que las instituciones comunitarias «han explicado bien a los ciudadanos el contenido de la decisión política» que debían adoptar. Es el reconocimiento más explícito que se ha hecho de que en los tres referéndum negativos que hubo anteriormente (en Francia, Holanda y el primero de Irlanda) no fue el caso, sino todo lo contrario.
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