Valoración:
Domingo, 04-10-09
J. J. PONCE
- Dijo en una ocasión que hay que acotar el repertorio, pero el suyo es de una gran «amplitud», de hecho alguna vez la han llamado «camaleónica cantante». ¿Cómo hace para conseguirlo?
- Ya decía Alfredo Kraus, y antes que él muchos otros, que la longevidad de una voz pasaba por cantar lo que la propia voz permitía en cada momento. Creo que esto es lo que yo he hecho en estos 22 años de carrera: no se trata de acotar, sino de elegir. Me he negado a cantar roles cuando era muy joven porque no era el momento, durante años me negué a la Lucia. Roles que interpreté cuando consideré oportuno hacerlo.
También me han ofrecido otros, como Lulú, que considero que está fuera de mis posibilidades y que no cantaré nunca. Tengo un talento innato para la interpretación que he podido perfeccionar gracias a grandes directores de escena, además mi repertorio abarca un número muy grande de personajes con muy variadas características. Creo que la clave está en entregarse al máximo en cada título y disfrutarlo como si se tratara de la vida misma. El teatro necesita verdad, no sólo fingir.
- Con 55 títulos en repertorio ¿qué le gustaría abordar ahora?
- Bueno, (risas), ¡títulos nuevos! Mi voz está en pleno proceso de maduración, no he llegado al final del camino ni muchísimo menos. Mi voz necesita abordar roles un poco más líricos en este momento.
- ¿Cree que festivales como el de Salzburgo son trampolines para el éxito?
- Creo, honestamente, que el único trampolín del éxito es el trabajo. No importa dónde cantes, sino cómo lo hagas y que seas sincero en tus propuestas. Evidentemente hay foros donde una actuación tiene más relevancia, pero sin trabajo no hay éxito. Los grandes cantantes de siempre han trabajado muy duro, muchas horas, para ser capaces de cantar como lo hacen.
- ¿Hay algún escenario que sirva para alcanzar el «cum laude» como cantante?
- Puede ser... aunque ese «cum laude» del que habla no es forzosamente el objetivo de un cantante. Nosotros somos como los deportistas de élite. Un nadador que no consigue el oro pero ha rebajado su marca en dos segundos se siente más eufórico que el que consiguió el oro pero hizo un tiempo inferior a lo que es habitual en él. La perspectiva desde el punto de vista del artista es muy distinta a la del aficionado. La carrera de un cantante es muy, muy larga y requiere entre 15 ó 20 años para consolidarse.
Muchos caen en el camino, incluso habiendo cantado en teatros «cum laude» al principio de sus carreras.
- ¿Dónde se ve más Isabel Rey en «Lucía» o en «Susanna»?
- Cada rol tiene su época y sus circunstancias. Sin duda el papel que más he cantado es Susanna junto con Gilda, sin embargo, gané un montón de concursos cantando Lucía... Adoro la Susanna, pero ya empiezo a hacer Contessa y me gustan tantos papeles que es difícil elegir. Lo que sí es seguro que me veo en el papel que represento en ese momento. Acabo de tener un gran éxito en el Teatro Real con Susanna... Lucía, hace mucho que no la canto, tendría que probarla con mi nueva vocalidad.
La «Musetta»
- ¿Una «Musetta» debe ser mediterránea para imprimir el carácter que el personaje requiere?
- Supongo que algo sí, pero ha habido fantásticas «Musettas» no latinas. El personaje es más profundo de lo que se suele hacer, la música de la «Musetta» engaña, parece más vacía de lo que es. Tengo ganas de volverla a hacer... será en enero en Santander.
- Repertorio alemán, francés, italiano... ¿Dónde se siente más cómoda?
- Italiano, francés y alemán, por ese orden. Aunque he cantado mucho en cualquiera de ellos. Las vocales italianas son únicas para el canto legato, y sirve de base para todo el resto, pero adoro el repertorio francés, ¡deseo tanto volver a hacer una Juliette, o una Blanche!
Por otro lado en el repertorio alemán hay auténticas joyas, y algunas desconocidas como el Königskinder de Humperdinck; más que con las lenguas, la comodidad está en la música.
- ¿Hay crisis de voces?
- ¡En absoluto! ¿Ha oído a Kaufmann, a Albelo, a Beczala, a Sartori, y a otros muchos que hay por ahí? Son voces maravillosas. Lo que sí hay es crisis de disciplina, de paciencia, de estudio, de trabajo. Muchas voces magníficas se malogran por las prisas, porque quieren ser famosos antes de dominar su instrumento, y como dije antes eso lleva muchos años de carrera, y digo bien de carrera, no de estudios de conservatorio. Los tiempos han cambiado, y los cantantes nos hemos de adaptar a todas las nuevas circunstancias que han aparecido y que van contra la naturaleza del canto: mayores orquestas, fosos abiertos, afinaciones más altas de las pensadas por los autores, escenarios vacíos, movimientos escénicos duros... eso antes no era así, ahora lleva más tiempo dominar tu instrumento.
Recuerdo del debut
- ¿Sigue enamorada de Bellini?
- Sí, pero sólo he podido demostrarlo una vez... en mi debut. Mis pasos me han llevado por otros caminos. Ahora tengo un amor compartido con otros grandes compositores: Mozart, Verdi, Poulenc, Debussy, Massenet...
- Para usted «cantar es un acto de amor». ¿Emocionar al público, qué es entonces?
- La consecuencia.
- Haga una producción a su medida: teatro, ópera, director musical, de escena, compañeros de reparto y público.
- ¡No me ponga en ese aprieto! (risas) He sido muy afortunada por cantar con grandes colegas. Sólo en la cuerda de tenores: Kraus, Domingo, Carreras, Aragall, Araiza, Wimbergh, Kaufmann, Blake, Beczala, Kunde, Florez, Albelo, etc... y barítonos como Pons, Nucci, Zancanaro, Brusson, Prey, Álvarez, Hampson, Van Dam... ¡Cómo quiere que le escoja uno!
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