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Sábado, 03-10-09
ADIÓS, Madrid. Se nos partió el corazón al oírlo. Dos días de octubre y ya tenemos un día histórico. En las democracias los días históricos son el pan de las masas. Así que este día histórico, aunque sea malo, sólo se quita con otro día histórico, aunque sea bueno, y los aficionados al fútbol saben de qué hablo.
-¿Se pone usted triste?
-No merece la pena, madame. Se necesita mucho tiempo libre para estar triste.
Madrid vendió modernidad -ahora se dirá que faltó el toque gótico-, y por un momento todos pensamos que Zapatero se desprendería, al fin, de su prestigio de galápago que cae de los andamios. Mas todos cayeron con las botas puestas. Me gustó Mercedes Coghen. Esperanza Aguirre y Raúl tuvieron un aire de Mago de Oz. Y Gallardón se mostró tan contenido en su papel de Smithers, que nadie hubiera reconocido en él al recaudador más importante desde los días de Mateo el Publicano.
-Elijan a Chicago, igual que hice yo -había dicho por la mañana el huero, chirle y hebén Obama, en cuyo paraíso retórico alguien ha introducido la serpiente de la pedantería.
-Pero en Madrid -pensaba yo, que se lo había leído a Ava Gardner-, si conoces la ciudad, la noche no se acaba nunca.
Según los manolos del bombo de Obama, los Obama nacieron sin ombligo, pero en Copenhague el temido efecto Obama se esfumó como una gaseosa de cola. En Europa, con esos trucos de viejo teatro social ya no se sacan votos ni monedas. Deberían de aprender del sentido del humor de mi amigo el que pide en mi supermercado. O de Lula, que, de puerta en puerta, como un falso San Francisco capaz de comerse al lobo con un poco de tomate frío, ha logrado un Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos. A lo mejor no es el momento de los reproches, mas ¿por qué Zapatero, en lugar de ir a la Onu dando voces por Mel Zelaya, no se adelantó a Lula y prestó nuestra embajada en Honduras al «show» del demócrata campeón?
Desde los chóferes (Alonso) hasta los goleros (Raúl), pasando por los marchantes (Paquillo), tenemos los mejores deportistas del mundo. Respondemos con cortesía («gracias, Alteza», dijo Gallardón) a las agudas cuestiones de Alberto de Mónaco, que es como el Bosé del olimpismo, si bien odia al Real Madrid y sólo quiere saber a cómo se van a vender los pisos de la villa olímpica. Y nos presentó Esperanza Aguirre, que chanela las dos lenguas oficiales del olimpismo. De esta lucha de mentalidades y sentimentalidades nació la personalidad del momento: un momento danés.
Entre corazonada y corazonada, me vino a la memoria otro momento danés de hace más de un siglo: un marino español, el almirante Rodríguez Marbán, a falta de letra en el himno nacional, acometió el brindis por España, y toda la marinería lo siguió, con el «Corazón Santo, Tú reinarás», aunque ésta es una bonita historia que otro día habrá que contar.
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