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Sábado, 03-10-09
NO pudo ser. Madrid merecía ganar, y a punto ha estado de conseguirlo. La capital de España presentaba, sin duda, la mejor candidatura en términos objetivos, sobre la base de un entusiasmo popular desbordante y el apoyo sin fisuras de las instituciones, los partidos políticos y los estamentos sociales. Era imposible poner en duda la calidad y solvencia de un proyecto con infraestructuras avanzadas, financiación garantizada y transportes al más alto nivel. Además, como bien dijo Juan Antonio Samaranch en su emotivo discurso, el Rey simboliza el compromiso de toda España con el ideal olímpico. En efecto, la presencia de Don Juan Carlos y Doña Sofía en Copenhague ha sido determinante para el magnífico papel desempeñado por nuestra ciudad. También es obligado reconocer el trabajo eficaz y coordinado de las distintas administraciones públicas, con el mérito excepcional de haber dejado al margen los colores políticos y los intereses de partido. El presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, estuvo esta vez a la altura de las circunstancias con una rotunda intervención sobre la ley antidopaje. La presidenta regional, Esperanza Aguirre, contribuyó muy positivamente desde el primer al último día, ofreciendo al Ayuntamiento una colaboración inestimable. Como es lógico, el principal protagonismo corresponde a Alberto Ruiz-Gallardón y sus colaboradores, con una especial mención para Mercedes Coghen, gestora brillante y responsable al frente de un equipo que merece todos los elogios. La presentación fue emotiva y con un diseño espectacular, combinando videos, discursos y una hermosa sorpresa en forma de «carta», transmitida desde España a Dinamarca.
El espíritu olímpico requiere deportividad y buen estilo en la victoria y en la derrota. Por ello, hay que felicitar a Río de Janeiro y desear que consiga llevar a buen término la tarea que le ha sido encomendada. En deporte, el único fracaso es «rendirse» dijo el alcalde Ruiz-Gallardón en la presentación de la candidatura. En efecto, nadie se rinde porque el proyecto cuenta con el apoyo del 90 por ciento de los madrileños y algún día será una feliz realidad. Entonces podrán recordarse con legítimo orgullo esas horas de ilusión vibrante que unieron a todos los españoles en espera de la decisión del COI. Millones de personas vivieron una hora interminable de expectación emocionada tras el descarte de Chicago y Tokio que dejaba frente a frente a las dos ciudades finalistas. En estas circunstancias se pone de manifiesto que los lazos afectivos que unen a una gran nación histórica están muy por encima de los localismos oportunistas. Nadie faltó a la cita, fueran políticos, deportistas o ciudadanos de toda condición, aportando cada uno lo que estaba en su mano para alcanzar un éxito merecido. La corazonada pasó a ser expectativa y se quedó a un solo peldaño de convertirse en realidad. Sin embargo, queda para el recuerdo la ilusión compartida por millones de personas que siguieron minuto a minuto los avatares de una jornada que pudo ser histórica y terminó con el sabor agridulce que produce la decepción a pesar de un espléndido trabajo. Madrid ha demostrado que es una metrópoli de primer orden y solo las rotaciones continentales o los equilibrios geopolíticos han dado al traste con un proyecto brillante.
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