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Cualquiera que sea el resultado del referéndum irlandés, la presidencia sueca ya ha renunciado a completar el nuevo organigrama de la UE antes del fin de su semestre. Según los expertos, la tarea le corresponderá, con suerte, a la presidencia española, para lo que será necesario un periodo de interinidad. Javier Solana, que ya ha anunciado que deja su cargo al frente de la diplomacia europea, tendrá que aceptar una prolongación provisional de su mandato.
La culpa de este jarro de agua fría para las aspiraciones suecas la tiene el recalcitrante presidente checo, Vaclav Klaus, y el recurso de inconstitucionalidad que han interpuesto senadores de su partido para que el tribunal se pronuncie, por segunda vez, sobre el Tratado de Lisboa. El secretario general del Alto Tribunal, Tomas Langasek, ha dicho que, teniendo en cuenta las circunstancias del caso «podríamos tomar una decisión en el plazo de un mes», pero para ello necesitarían el consentimiento de todas las partes, incluidos los hombres de Klaus. El trámite de urgencia que supone, entre otras cosas, una vista oral. En caso contrario, el recurso puede aplazar la ratificación, como quiere Klaus, hasta abril o mayo, cuando se espera que haya elecciones en Gran Bretaña y que el conservador David Cameron -el gran favorito- cumpla su amenaza de convocar un referéndum para anular la ratificación parlamentaria.
Suecia contaba con haberse aprovechado del eventual «sí» irlandés para haber dirigido el reparto de los puestos más importantes en el Consejo Europeo de finales de octubre o a más tardar en el de diciembre. El ministro de Exteriores, Carl Bildt, aspiraba incluso a hacerse con el puesto que ha de dejar Solana mientras que el ex premier laborista, Tony Blair, podría ser el primer presidente permanente del Consejo.
Mirek Topolanek, el ex primer ministro checo, ha estado esta semana en Bruselas, según todos los indicios para explicarle a José Manuel Barroso -el único puesto que ya ha sido confirmado- el alcance de los planes de Klaus para boicotear el Tratado de Lisboa. Topolanek dijo que en caso de que el euroescéptico se mantenga en sus trece, «la República Checa debería quedarse sin comisario».
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