
El Rey, durante la presentación de la candidatura / IGNACIO GIL
Parecía imposible que en un salón tan abarrotado de gente pudiera guardarse tanto silencio. Pero eso sólo ocurría mientras se anunciaban los nombres de las ciudades que iban siendo eliminadas: Chicago, Tokio... Después el ruido era ensordecedor, el público se ponía de pie, se desplegaba alguna que otra bandera de España y, al rato, otra vez silencio, hasta el siguiente nombre.
Sólo la Reina y unos pocos más lograron mantener la compostura cuando aún había esperanza. En ese momento, el de la votación, el Rey prefirió no estar en la sala y seguir en privado en sus habitaciones las votaciones del COI. Por la mañana, sí que había bajado al salón del Hotel D´Anglaterre, cuartel general de Madrid en Copenhague, y se sentó discretamente con la Reina en la última fila para seguir un rato la presentación de Río de Janeiro, precisamente esa. Fue entonces cuando se pudo ver por primera vez a Don Juan Carlos y Doña Sofía luciendo el uniforme oficial de la candidatura, con el logotipo bordado. Pero en el momento de la votación el Rey prefirió la soledad.
Era la primera vez que Don Juan Carlos, el Rey olímpico y deportista, cuyos nietos mayores ya se habían presentado como voluntarios de los Juegos, pedía «de corazón» el voto para una ciudad, para una Nación que soñaba con que el mundo sería mejor a partir de Madrid 2016. Un Rey que, desde el primer momento, se volcó, igual que el resto de la Familia Real, por sacar adelante este proyecto. Un Rey que ha dedicado tres días a pedir el voto en Copenhague y que ha acudido siempre que se le ha llamado, ya fuera para organizar actos, hacer gestiones o sencillamente para ensayar la presentación.
Arriba, en la soledad de sus habitaciones, Don Juan Carlos no se contagiaba del entusiasmo que había en la sala y que se disparó al ser descartadas Chicago y Tokio. Durante el intermedio, Doña Sofía se refugió en la cafetería del hotel y los demás miembros de la delegación se distraían coreando gritos de victoria. Luego, llegó el momento decisivo, que se hizo esperar y esperar, con vídeos promocionales, como en los «reality show», hasta que se pronunció el nombre de Río de Janeiro y se heló el corazón de la delegación. Pero, aún así, una vez encajada la derrota -cómo se nota que había deportistas-, la sala aún explotó en un nuevo aplauso dirigido al esfuerzo, al sueño roto, al ganador...
Con ese mismo espíritu encajó la Reina la derrota: «Hay que dar la enhorabuena a Río, y también la enhorabuena al trabajo de los españoles, que ha sido excepcional», declaró Doña Sofía. «Ha sido una decepción para nosotros, pero hay que dar la enhorabuena a los españoles por lo que han hecho».
El entusiasmo de la delegación madrileña apenas duró tres horas. Hasta que empezó la presentación de la candidatura, sólo había un escepticismo esperanzado, pero a partir de ese momento todo cambió. Durante las intervenciones, el silencio era total, pero cuando terminó de hablar el Rey, el último de los ponentes, el salón del Hotel D´Anglaterre, que hasta ese momento parecía demasiado frío y ni siquiera funcional, se convirtió en una fiesta. El público que abarrotaba el salón se puso de pie y empezó a corear, entre aplausos, «este partido lo vamos a ganar», «este partido lo vamos a ganar».
Emoción hasta las lágrimas
Hubo aplausos para todos, pero sobre todo para el Rey y para Samaranch, cuya petición «en el final de mi tiempo» emocionó hasta las lágrimas a muchos de los presentes. También la carta del pueblo de Madrid fue muy jaleada en su recorrido hasta Copenhague. Después, los aplausos se convirtieron en palmas para acompañar la música del vídeo y volvieron a ser aplausos cuando la sala revivió a través de las imágenes los momentos más importantes de esta etapa de oro que está viviendo el deporte español. Además, algunos de los atletas protagonistas del vídeo se encontraban en el mismo salón.
Tres horas después, el sueño se había esfumado y los Reyes regresaban a España con un solo consuelo: el de haber visto a todos los españoles -también al Gobierno, a la Comunidad, al Ayuntamiento y al Parlamento- unidos por ese sueño de un mundo mejor tras Madrid 2016.



