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De la pasión a los disturbios
Un periodista brasileño de la Folha de Sao Paulo, la ciudad más caótica del mundo, rival tradicional de Río de Janeiro, cuenta orgulloso a última hora de la noche en Copenhague que en su país no hay enemistad que valga, que la competencia entre ciudades no destila el suficiente vinagre como para no alegrarse por el éxito del vecino. «Han acertado. Nos une la pasión».
El lema de Río, mostrado al mundo entre imágenes de samba, playa, tamboril, el Cristo del Pan de Azúcar y cariocas sonriendo al planeta. «Es la esencia de esta nación», cuenta mientras se pone la mano en el pecho y sigue dándole a la tecla para el on-line.
La elección de la sede de los Juegos no invita, sin embargo, a grandes demostraciones de afecto o pena. El clima es político, rígido, de una formalidad impuesta. No tiene mucho que ver con la habitual expresividad de las salas de Prensa del deporte, donde abundan los ooohhhhs, los uuuhhs y las aaayys. La gente, más envarada que espontánea, se guarda hacia adentro los sentimientos.
La asamblea funcionó con sus resortes. De repente, surgieron tres personajes que ya condujeron la mañana por el carril. Arne Lungqvist, Alberto de Mónaco y Shahid Alí. Un médico especializado en dopaje, un príncipe con todo tipo de inquietudes y un ex jugador de polo con gusto acerbo hacia los Estados Unidos. Los dos primeros, sobre todo, capitalizaron el turno de preguntas a cada candidatura. Alí puso en un brete a Obama:«En su país hay gente que no es bienvenida», soltó en recuerdo de tantos conflictos en aeropuertos y aduanas. «Todo el mundo es bienvenido», contestó el hombre más poderoso del mundo.
Buscando el eco por la presencia de tanta personalidad, se manifestaron los ecologistas. Hubo 43 detenciones en una ciudad que ha dado una lección de civismo y modernidad. Da gusto pasear por Copenhague, sus calles, sus gentes. Durante tres días, se podrán contar con los dedos de una mano las veces que ha sonado un claxon en el ciudad. Un sucedáneo de Amsterdam, paraíso en bicicleta, donde la gente vive sin estrés y a varios grados bajo cero en el invierno. Pero en bici.
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