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Un cúmulo de factores y circunstancias apartaron ayer a Madrid del sueño olímpico en favor de Río de Janeiro. La rotación de continentes, el escaso apoyo europeo, la magia de Lula... Muchas han sido las razones por las que la corazonada madrileña, al final, se ha quedado sólo en eso. Las lecturas que pueden hacerse de esta «dulce» derrota pueden ser varias y muy complejas. El COI es así. Nadie sabe lo que piensa. Nadie puede predecir sus conclusiones. Pero hay algunos gestos que han provocado que el sueño de Madrid tenga que seguir esperando otros cuatro años.
1. La rotación de continentes
El primer y gran escollo. Sólo una vez en la historia no hubo salto entre dos continentes. De Londres 1948 se pasó a Helsinki 1952. El resto de la historia de los Juegos sirve para contrastar que prevalece la alternancia. La próxima edición se celebrará en Londres en 2012 y Madrid aspiraba al 2016.
2. Europa apoyó a Río
La gran jugada estratégica y oculta que Río de Janeiro no ha expuesto nunca de forma pública. La candidatura brasileña contaba con un fuerte respaldo en un gran número de países europeos. Y eso se tradujo en votos seguros desde la primera ronda. ¿Por qué? Bastantes ciudades del viejo continente quieren organizar los Juegos de 2020. Los alcaldes de París y Roma ya han mostrado su interés por ser sede. Y en la recámara, hay otras capitales con nombre. Se habla de París, Praga, de Moscú, de Berlín...
Y para todos estos proyectos, lo peor que les podía pasar es que la elección de Madrid en 2016. Esto hubiera anulado su proyecto de inmediato. Si ya es difícil la concesión de los Juegos, como se ha comprobado, sin que haya rotación continental, no tendrían ninguna opción en 2020 con Madrid organizando los de 2016. En la delegación española había ayer mucha desilusión con el presidente del COI, Jacques Rogge, porque les había dicho que la rotación no era un factor clave.
3. África también dio la espalda
El continente africano ha seguido muy de cerca la votación. Tenía un interés especial en ella. Su objetivo era que Brasil se alzara con la victoria para así jugar en el futuro la baza de que son el único continente que todavía no ha organizado unos Juegos. Su mensaje era claro: ahora le tiene que tocar a Río de Janeiro porque después iremos nosotros. Es por eso que ningún miembro de comités africanos dio su apoyo a la candidatura madrileña en las tres votaciones. Además, los pocos apoyos que podríamos haber arrancado del continente negro se los llevó Barack Obama por sus orígenes nigerianos. El presidente de los Estados Unidos, y la candidatura de Chicago, han realizado un ímprobo esfuerzo en estos últimos meses por ganar votos allí. Río les ganó la partida porque pesa más el interés de África en organizar ya unos Juegos en su continente.
4. Maldita repesca
Madrid volvió a perder fuerza en la segunda y tercera votación. En la primera fuimos los más elegidos, con un total de 28 votos, por los 26 de Río. A partir de ahí, los brasileños se llevaron el resto de votos de Chicago y Tokio. La votación final se cerró con 66 apoyos para Brasil y 32 para Madrid. Es decir, los cariocas habían recabado 40 nuevos votos, por 4 de los nuestros.
5. El «lobby» no funcionó
Aunque la jornada del jueves fue eterna para la delegación española, al final no sirvió para nada porque se consiguió muy poco. Dicen los expertos que los miembros del COI tienen decidido desde hace tiempo a quién votarán en primera ocasión, pero que no saben qué harán después. El «lobby» sirve para recabar esos apoyos que pueden quedar huérfanos en las siguientes votaciones. La delegación española «pinchó» ahí. A pesar de las cincuenta reuniones que abordaron los Reyes, Zapatero, Gallardón y compañía, los miembros del COI nos volvieron a dar la espalda. Madrid 2016 no supo recabar los votos que había quedado sin dueño tras las eliminaciones de Chicago y Tokio. Y eso que la delegación madrileña se empleó a fondo el día anterior. Esta experiencia debe servir para el futuro, ya que a la capital de España ya se le han escapado dos Juegos Olímpicos por no saber arañar este tipo de votos. De solucionarlo, las posibilidades de éxito son enormes.
6. El dopaje
La leyenda negra que ha sobrevolado sobre el deporte español ha pasado factura de alguna manera. Durante mucho tiempo, España ha tenido la vitola de ser un pequeño paraíso porque no había ninguna ley que penalizase el consumo y tráfico de sustancias dopantes. Jaime Lissaveztsky impulsó y creó la ley actual, que castiga al inductor con penas de cárcel. El Gobierno tuvo que modificar la ley quince días antes de aterrizar en Copenhague.
7. Lula y Suramérica
El presidente de Brasil ha sabido captar las adhesiones en América, Europa y África. Utilizó un argumento de peso: nunca ha habido unos Juegos en Suramérica.
8. Un COI de menos
Cuestión de números y, por elevación, de peso específico. En la Asamblea del Comité Olímpico Internacional (COI) había dos brasileños (Joao Havelange y Carlos Nuzman), dos americanos (Anita Defrantz y James Easton), dos japoneses (Chiharu Igaya, Sun-Ichiro Okano) y sólo un español (Juan Antonio Samaranch junior).
9. Samaranch, menos peso
El presidente de honor del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, fue su máximo dirigente durante 21 años. Y su influencia es innegable en el seno de la organización, pero según cuentan en las esferas del olimpismo, el peso se mide por la presencia y la actividad. Samaranch apeló a su propia edad (89 años) «en el final de mis días» para recabar apoyos para Madrid. Pero no hubo éxito.
10. Faltaban los más grandes
Madrid presentó a Raúl como abanderado de su propuesta. Y atinó de lleno porque el capitán del Madrid fue uno de los grandes nombres de estos tres días en Copenhague. La policía danesa dejó de lado en algún momento sus quehaceres para pedir un autógrafo al goleador. El palmarés deportivo de Raúl está fuera de toda sospecha. Pero, y aquí llega el pero, la candidatura de Madrid 2016 había soñado con la posibilidad de que alguna de las grandes estrellas del deporte español hubiese podido acudir a la cita. Zapatero telefoneó a los Lakers para pedir un permiso extra de Pau Gasol. Y Lissaveztsky estuvo en permanente línea directa con Nadal hasta el último momento. Ninguno de los dos pudo estar presente en Dinamarca. El pívot, porque ha empezado la pretemporada con el campeón de la NBA, y el tenista, porque vuelve a la competición en China. Nadal envió un mensaje de apoyo a toda la delegación española el mismo día de la votación. Desafortunadamente, de poco sirvió.
Tampoco estaba en Dinamarca Fernando Alonso, recién fichado por Ferrari en un deporte no olímpico, de carrera este fin de semana en Japón. Alberto Contador se encuentra de vacaciones y desaparecido del mapa. Se echó en falta a algún grande, sin infravalorar a Raúl.
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