Jueves, 01-10-09
No vaticinan los expertos grandes resultados de la reunión de hoy en Ginebra entre Irán y el Grupo de los «5 +1» (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China más Alemania) para tratar de reanudar el diálogo nuclear. Quizás, por eso, el ministro Moratinos ya ha advertido de que el problema iraní va a ser el de mayor interés diplomático que afrontará la ya cercana presidencia española de la Unión Europea.
Durante mucho tiempo, el Gobierno de Zapatero ha sido uno de los adalides de la negociación con Irán para intentar convencer al régimen de los ayatolás de que sólo utilicen la energía nuclear para fines civiles. Se desmarcaba claramente de las amenazas de George Bush y cuando había que mostrarse firmes, España arrastraba los pies. Lo más reciente: no hemos sido, ni mucho menos, los primeros en levantar la voz por los manejos electorales de Ahmadineyad.
Los iraníes eran conscientes de esa actitud y, aunque las relaciones con España durante los últimos años no han sido intensas, lo agradecían. Tal vez, por ello, les sorprendió que nuestro país se sumara al plante europeo al presidente iraní cuando éste lanzó duras acusaciones contra Israel en la Conferencia de la ONU sobre Racismo. Molestos, cancelaron una visita secreta que Duran i Lleida iba a hacer a Teherán en abril, comisionado por el Gobierno para exponer su disposición a crear un clima de entendimiento con la UE y EE.UU.
Ahora, cuando Barack Obama amenaza también a Irán con una mayor firmeza si no coopera, Zapatero -dispuesto a seguir al presidente estadounidense en lo que haga falta- se prepara ya para la eventualidad de tener que gestionar, al frente de la UE, unas nuevas sanciones de la comunidad internacional. Incluso, por encima de la Alianza de Civilizaciones, tan del gusto de los iraníes.

