Martes, 29-09-09
Se puede decir más alto pero no más claro. El presidente Ahmadineyad fue a Nueva York y dijo todo tipo de barbaridades sobre Israel y Estados Unidos. Reconoció sin pudor que hay una segunda instalación de enriquecimiento de uranio en las proximidades de Qom que han mantenido oculta a la Agencia Internacional para la Energía Atómica y, como respuesta a las amenazas de Obama y preparación para la cumbre prevista para el próximo jueves, ayer dispararon un conjunto de misiles de corto y medio alcance capaces de destruir objetivos en Israel o atacar bases militares norteamericanas en la región. El mensaje de firmeza parece bastante obvio, de ahí que la Administración norteamericana haya comenzado a filtrar a la prensa que no se puede esperar mucho del próximo encuentro.
¿Qué queda de las brillantes ideas sobre diplomacia directa que Obama presentó en la campaña electoral? Los que le criticaron acertaron, pero él ganó y ahora tiene que arrostrar sus pasados compromisos. El Departamento de Estado trabaja, como en los días de Bush, en la propuesta de sanciones que fuercen al gobierno de Teherán a reconsiderar su política. Pero, como en los días de Bush, la realidad es que Rusia, China y buena parte de los estados europeos no quieren poner en peligro sus negocios. Lo disfrazarán de escepticismo sobre la utilidad de su aplicación, pero en realidad estarán ocultando la importancia de esas inversiones cuando no la dimensión estratégica de esa relación. Nada nuevo. Estados Unidos no será responsable de esta grave crisis del régimen de no proliferación, pero la suma de las amenazas de Bush y las ocurrencias de Obama dañarán mucho su autoridad en el mundo. Cuando se asume públicamente la responsabilidad de eliminar una amenaza y al final todo queda en nada, resulta evidente que se ha fracasado.

