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Martes, 29-09-09
EL presidente del Gobierno demostró ayer lo difícil que le va a resultar al Partido Socialista su campaña de «pedagogía social» sobre las bondades de la subida de impuestos anunciada por el Ejecutivo el pasado sábado. Zapatero insistió en que el esfuerzo fiscal lo van a realizar los que más tienen, volvió a referirse a los «poderosos» anónimos que quieren recortes sociales y recurrió de nuevo a la solidaridad para disfrazar el fracaso de su gestión económica. En definitiva, tópico tras tópico para confundir a la opinión pública sobre las consecuencias reales de un aumento de impuestos cuyas principales características son la injusticia social y la ineficacia fiscal. Pocas veces han estado tan claras las falsedades de la propaganda oficial y tan evidentes los perjuicios de una decisión económica. Lo que el PSOE llama pedagogía es una pura campaña de manipulación para confundir al ciudadano, en la que encaja perfectamente la asombrosa insistencia de los dirigentes socialistas en que la subida del IVA no afectará al consumo. Cuando los tipos del 7 y del 16 por ciento del IVA se incrementen en uno y dos puntos respectivamente, las economías familiares afectadas por el desempleo o la incertidumbre reducirán la adquisición de bienes y caerá el consumo. Y si son las empresas las que encajan la subida del IVA con una reducción de precios -sumada a la caída que se viene produciendo desde hace meses- se estrechará más aún el beneficio y habrá menos puestos de trabajo.
También será difícil para el PSOE convencer a los ciudadanos de que este aumento de impuestos lo van a asumir principalmente las rentas altas. Si sube el impuesto indirecto por excelencia, que es el IVA, y se suprime la deducción de 400 euros, ¿qué ciudadano español, sea cual sea su renta, va a librarse de los efectos de estas decisiones? La propaganda del Gobierno limita con el insulto a la inteligencia cuando pretende hacer creer que el aumento del IVA es cosa de ricos y no de cualquier ciudadano. No menos banal es la defensa del aumento fiscal sobre las rentas del capital, porque recae sobre cantidades que engloban a pequeños y medios inversores, no a los grandes capitales, que cuentan con instrumentos financieros, nacionales e internacionales, para reducir los costes tributarios de sus fortunas.
La pedagogía del Gobierno también deberá explicar por qué si lo urgente es financiar las políticas «sociales» de protección a los desempleados -que ya están provocando un déficit público insostenible-, la subida del IVA se aplaza a julio de 2010, cuando los costes del desempleo pueden ser de tal magnitud que dejen corto el incremento fiscal. El argumento de que para entonces habrá empezado la recuperación económica y la creación de empleo neto, como pronosticó ayer el presidente del Gobierno, choca con la demostrada incapacidad del Ejecutivo para hacer previsiones mínimamente solventes. Y son muchos los expertos -nada sospechosos de filiación conservadora- que aseguran que la subida de impuestos no recaudará lo previsto y perjudicará el ahorro y el consumo. Por si fuera poco, la vuelta a la economía sumergida es la respuesta amenazante y corruptora -porque degrada las relaciones socioeconómicas de un país- que la sociedad puede dar a este asalto fiscal en plena crisis de empleo y confianza, con el riesgo de impedir durante mucho tiempo una verdadera recuperación.
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