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Martes, 29-09-09
EL socialista José Sócrates ha logrado una victoria pírrica en las legislativas portuguesas del pasado domingo, lo que deja a su Gobierno en una situación de debilidad que no constituye la mejor opción para el país. Los electores portugueses han decidido retirarle la mayoría absoluta con la que ha gobernado hasta ahora, señal de que no están satisfechos con su gestión, pero tampoco han querido apostar por una alternativa liberal-conservadora que en la campaña electoral ha cometido errores de bulto que han desacreditado a su candidata.
Sócrates no tendrá el socorrido recurso de echarle la culpa de los males del país al Gobierno anterior, al frente del cual ha realizado en los últimos años una gestión mediocre. Ahora se encuentra con un entorno, aún más delicado, en el que resulta difícil creer que tenga el acierto del que carecía cuando no supo hacer frente adecuadamente a los problemas económicos, y además tendrá que navegar con una debilidad parlamentaria que le obligará a buscar alianzas incómodas. Socrates tiene el reto de llevar a cabo las reformas que no quiso hacer cuando tenía mayoría absoluta.
En esta situación ha tenido una clara responsabilidad la candidata conservadora del Partido Social Demócrata (PSD), Manuela Ferreira, que tomó una incomprensible deriva aislacionista, sacando a relucir en la campaña las relaciones con España de una manera zafia y completamente desenfocada. España y Portugal viven afortunadamente una vecindad fructífera y sin complejos, como socios dentro de la UE. Obras como el tren de alta velocidad son proyectos de futuro y símbolos de desarrollo para los dos estados ibéricos, y nadie en Europa entendería que un país dijera que se niega a mejorar las comunicaciones con su vecino. Sus votantes le han dado la espalda con motivo.
Así, las elecciones han dejado las cosas no como estaban, sino un poco peor. Sócrates tiene pocas opciones, una de las cuales sería buscar el apoyo puntual en la oposición: si no es posible con los conservadores del PSD, tal vez con los cristianodemócratas del Partido Popular, los únicos que han crecido, hasta convertirse en tercera fuerza del país. Sócrates no tiene experiencia de gobiernos de coalición y Portugal no es Alemania para pensar en fórmulas de excepción, pero, si no quiere llevar a los portugueses de vuelta a las urnas, tiene que ser consciente de que ha de cambiar de rumbo.
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