El SOS de Zelaya
El depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya dijo hoy en declaraciones a Televisión
Nacional de Chile "que su país vive una barbarie, una tragedia" y pidió urgente ayuda a la comunidad internacional. "El pueblo hondureño está viviendo una tragedia y yo pido a la comunidad internacional que tome medidas contra esta dictadura que
es un mal ejemplo para toda Latinoamérica".
Aseguró que en los tres meses de gobierno de facto han muerto más de un centenar de personas. "Tenemos un listado de más de cien personas desaparecidas o torturadas a nivel nacional", acotó.
En comunicación telefónica con el medio televisivo chileno afirmó que Honduras tiene 90 días de parálisis, en alusión al estado de sitio que ha impuesto el régimen de facto; huelga de maestros, de obreros, tomas y "terribles represalias con el pueblo que se manifiesta pacíficamente".
Sostuvo que se ha llamado a un diálogo pacífico "pero se ha contestado con violencia, con represión, con símbolos como el no permitir la entrada de los representantes de la OEA y supresión de
medios de comunicación".
Zelaya dijo que no siente seguridad en la embajada brasileña al saber que el país lo gobierna un dictador como Roberto Micheletti y aseguró "que se siente preparado espiritualmente para cualquier
riesgo y asumir mi retorno en defensa de los principios y valores que sustento a través de mi vida y espero que la comunidad internacional respete correctamente mis posiciones".
Dijo que pese a estar dentro de la sede diplomática se sienten totalmente controlados por los militares.
"Inclusive desalojaron la colonia donde esta la embajada, hemos sido atacados por gases tóxicos, con intervención electrónica, además con un amedrentamiento permanente con mensajes y ataques a través de los celulares", añadió.
Actualizado Martes, 29-09-09 a las 18:36
En la embajada de Brasil en Tegucigalpa Manuel Zelaya está acompañado por su esposa, Xiomara Castro; por su hijo, José Manuel, y otros familiares. Al otro lado de las vallas metálicas y del retén militar, Xiomara Hortensia Zelaya, hija del depuesto mandatario, prepara junto a un funcionario de Naciones Unidas el paquete de alimentos (sopa, refrescos...) y ropa (una bolsa con prendas interiores masculinas) que hacen llegar a diario a los alrededor de 80 refugiados que permanecen desde el día 21 en la sede diplomática.
De hablar dulce y pausado, «La Pichu», como cariñosamente la llaman los íntimos, cuenta a ABC que «mi papá está bien, pero pasamos por un momento difícil para la familia y para el pueblo hondureño. El presidente se mantiene firme hasta lograr su restitución, y eso nos da entereza para continuar con la lucha». Xiomara dice estar en contacto permanente con su padre, tanto de forma directa como a través de los periodistas de los «medios amigos». Pero siente la «impotencia de no poder verlo, porque tanto él, como mi madre y mi hermano, corren peligro».
Xiomara, de 24 años, asume que, «como hija, es difícil superar esta situación. Para encontrar fortaleza he tenido que desligarme del sentimiento familiar y convertirme en una ciudadana más». Ella era el único familiar de «Mel» que estaba en su residencia cuando los militares irrumpieron el 28 de junio para expulsarlo del país. «Aquella noche no sentí miedo por mí -confiesa-, sino por mi papá, porque sabía que iban a por él. Desde el primer día hubo persecución a la familia: bloquearon nuestras tarjetas y cuentas sin orden del fiscal. Pero no tengo miedo. Frente a mi apartamento siempre hay vigilancia policial y tenemos amigos que nos protegen».



