Publicado Martes, 29-09-09 a las 19:18
“Going Rogue: An American life” es el título de las memorias de Sarah Palin que Harper Collins sacará a la venta el 17 de noviembre. Las expectativas son altísimas. Se han tirado a la piscina con una primera edición de millón y medio de ejemplares, tantos como se imprimieron de “True Compass”, las memorias de Ted Kennedy. Con la diferencia de que este era un veterano e ilustre senador, un Kennedy y está muerto. Sarah Palin ya ni siquiera es gobernadora de Alaska, está palpitantemente viva y sólo lleva 45 primaveras coleando. Vamos, que se encuentra en plena pubertad política.
Ciertamente 45 años son sólo 3 menos de los que tiene Barack Obama, que es presidente... Pero en el caso de Obama media nación y medio mundo decidieron hace un año que era un genio. Mientras que a “la” Palin –llamada a menudo así, como si fuera una cantante de ópera o de variedades-, tras un primer fogonazo de éxtasis conservador, una ingente legión decidió considerarla idiota.
“Espero que con este libro mucha gente se dé cuenta de las cosas equivocadas y falsas que se han dicho de mí”, reivindica la precoz memorialista. A falta de otra cosa, la sonrisa de diamante con que “la” Palin ha hecho frente a estos y otros ataques sin rayarse lo más mínimo sería un activo político en sí mismo. Nadie le puede negar a la ex gobernadora que los tiene bien puestos.
Y no sólo ella. Sus millones de seguidores no se han amilanado por el bluff en que quedó su carrera vicepresidencial, con berrinche final incluido de los asesores de John McCain. De repente todo lo que habían admirado y alabado en ella (su conservadurismo y tradicionalismo numantino, su pegada y casi descaro mediático, la frescura de su inexperiencia) se convertía en una lista de agravios y reproches: que si era demasiado integrista, que si era demasiado “diva”, que si era de una bisoñez impresentable, etc.
Doble vara de medirHubo una curiosa coincidencia entre estos asesores de McCain –que en realidad habría preferido a otro compañero de fórmula, pero en el último minuto temió que la derecha más derecha no se fiara de él- y los cruzados liberales contra la exótica rara avis llegada de Alaska. Palin fue minuciosamente machacada tanto por errores reales como inventados. Que Obama no tuviera experiencia política ejecutiva se veía como una garantía de su integridad; que Palin no tuviera vuelo internacional era un atributo rústico.
Se aplicó una doble vara de medir incluso más exigente del que se suele aplicar a las mujeres: nadie cargó tanto contra Palin como las feministas de izquierdas, que veían en ella la negación de décadas de lucha por la igualdad, por el derecho al aborto, etc. Y de repente llegaba esta madre de familia numerosa que no admitía que se abortase ni en caso de violación, ni de incesto, ni de esperar un hijo con síndrome de Down (como ella misma) ni que la embarazada fuera su hija soltera...en plena campaña electoral.
Muy pronto quedó claro que el tándem McCain-Palin no tenía nada qué hacer frente a un Obama que se aprestaba a entrar de una sola zancada en la Casa Blanca y en la Historia. Hay quien cree que de todos modos McCain habría podido hacer un papel más digno sin Palin... Mientras otros creen que ella habría podido tener un despegue más lucido de no ir a la cola de un evidente perdedor “sin principios”. Este debate dista mucho de resolverse porque lo que salen aquí son las contradicciones internas de los republicanos norteamericanos. Que desde que perdieron las elecciones peregrinan por el desierto a la infructuosa busca de líder. Cada vez que se hacen ilusiones con uno, o mete la pata en algo o le pillan con una señora que no es la suya.
Memorias en un mesEntretanto Palin no pierde el tiempo. Dejó el gobierno de Alaska y muchos creen que era para tener manos libres para aspirar a presidenta. ¿Pero se atreverá a tanto? Atrevimiento no parece ser precisamente lo que le falta. Se ha pateado el territorio con calma, sembrando invariablemente el hechizo entre las atormentadas bases republicanas. Ha hablado ante un selecto auditorio en Hong Kong de las relaciones entre Estados Unidos y Asia, permitiéndose incluso dar lecciones a Obama sobre cómo enfocar sus tratos con China. Y le han pagado un pastón por ello. Ha escrito sus memorias en un mes y las ha vendido por una suculenta cantidad que por ahora se mantiene en secreto.
Dicen algunos que con esto Palin no está haciendo tanto carrera política como financiera: que estaría aprovechando su tirón y su morbo para hacer caja y así pagar gastos legales, contraídos por ejemplo cuando fue acusada de nepotismo para perjudicar a un excuñado.
Pero en Estados Unidos el que recauda dinero es el que tiene tirón político. Si los delicados sensores del mercado indican algo, es que ahora mismo Sarah Palin es lo más parecido a una estrella republicana. Aunque sólo sea porque no hay otra.


