Entrada del museo de And Warhol en Pittsburgh / ABC
Andy Warhol -el verdadero rey del pop, es decir del arte pop-nació en Pittsburgh. Pero no le gustaba reconocer sus vínculos con la ciudad que durante sus tiempos de mayor esplendor industrial llegó a producir un tercio de todo el acero del mundo. Siempre que le preguntaban decía que era de ninguna parte. Pero irónicamente en Pittsburgh se encuentra el gran museo del artista con más de 12.000 obras que sirven para ilustrar toda la burbuja de especulación sufrida durante los últimos años por el mercado del arte en Estados Unidos, no muy diferente a su crisis inmobiliaria.
Richard Polsky, un marchante de arte pop y autor de un par de curiosas memorias sobre sus negocios con el llamado Pop Art, argumenta que al igual que se han comprado casas no para vivir en ellas sino para especular, algo bastante parecido ha sucedido con las obras de arte. Según Polsky, antes de la crisis se han invertido fortunas en cuadros pero no para disfrute personal sino para alimentar una multimillonaria burbuja que terminó abruptamente en el 2008.
En su último libro, «Vendí a Andy Warhol demasiado pronto», Polsky explica su personal saga especulativa con el artista de Pittsburgh. En 1988 compró por 47.500 dólares (32.000 euros) uno de esos auto-retratos, titulado «Fright Wig», en los que Warhol parece haber metido los dedos en un enchufe disparando enhiesta su cabellera prestada. La pieza se apreció rápidamente y el marchante decidió venderlo en 2005 por 375.000 dólares (alrededor de 256.000 euros). Encantado con sus pingües beneficios, hasta que en junio del 2007 un cuadro similar alcanzó la cotización de 2,6 millones de dólares (1,8 millones de euros), Richard Polsky argumenta que «la gente solía comprar casas para vivir en ellas y solía comprar arte para contemplar». Todo eso cambió con el afán de subir peldaños en la escalera de consumo: «De repente veías tu casa como una inversión y tratabas de aprovecharte. Y lo mismo ha ocurrido con el arte, olvidándonos de disfrutar». Polsky reconoce que echa mucho de menos su Warhol, aunque su morriña seguramente sería más contenida si él hubiera sido capaz de vender el suyo por más de dos millones de dólares. Con el reproche de que resulta demasiado fácil convertirse en un «dealer» de arte y dedicarse a especular. Pero como dijo el pintor de Pittsburgh en una de sus inolvidables frases para la posteridad: «El mejor negocio es el mejor arte».
Aunque los precios del arte en Estados Unidos han empezado a recuperarse, todavía existe una sobredosis de incertidumbre. La siguiente prueba de fuego serán las grandes subastas previstas en Nueva York para noviembre por Christie´s y Sotheby´s. Sin embargo, el interés por Warhol parece adaptarse bien a la crisis, como demuestra el reciente robo de una destacada colección de sus cuadros en una mansión de Los Ángeles.
Durante los buenos tiempos del «boom» en el negocio del arte en Estados Unidos, la plusmarca de cotización de un cuadro de Warhol fue lograda por su épica obra «Green Car Crash», vendida al mejor postor por 71,7 millones de dólares (unos 50 millones de euros). Precio que pulverizó su anterior récord de 17,4 millones de dólares (120.000 euros) en 2006 por uno de sus icónicos retratos de Mao.


