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Actualizado Lunes, 28-09-09 a las 21:31
Irán volvió a mostrar al mundo su capacidad para alcanzar objetivos en un radio de dos mil kilómetros, distancia suficiente para llegar a Israel o las distintas bases de Estados Unidos en la región. Los misiles Shahab-3 y, sobre todo, el Sajil -fabricado íntegramente en Irán, sin componentes norcoreanos o rusos- fueron las estrellas de la segunda jornada de las maniobras militares calificadas de “todo un éxito” por Hosein Salamí, comandante jefe de la Fuerza Aérea de la Guardia Revolucionaria. Todo un aviso de la capacidad de respuesta de la república islámica en caso de sufrir un ataque ya que si en la carrera nuclear Teherán defiende su uso exclusivamente civil, en la carrera balística el argumento oficial es el de la persuasión a los países enemigos de posibles ataques.
Enemigos como Israel al que el nuevo ministro de Defensa, Ahmad Vahidi, advirtió de que si se decidiera a atacar “supondría el último aliento del régimen sionista”. El general general Abdullah Araqi también tuvo un mensaje para el estado judío –que celebraba la festividad del Yom Kippur- y advirtió de que a partir de ahora “los misiles iraníes son capaces de golpear en cualquier lugar que represente una amenaza”. Para los expertos la industria nuclear y balística van de la mano ya que la gran amenaza llegaría de las cabezas nucleares que estos cohetes podrían portar en caso de que Irán lograra desarrollar una industria armamentística atómica.
Rusia pide calmaAunque estas maniobras del ‘Gran Profeta’ estaban planeadas de antemano, se producen a pocas horas de la cumbre nuclear del jueves en Ginebra en la que los enviados de Teherán tratarán de convencer a los responsables del 5+1, grupo formado por Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania, del carácter pacífico de sus actividades nucleares. El Alto Representante de la Unión Europea (UE) para Política Exterior y de Seguridad Común, Javier Solana, consideró "preocupante" el lanzamiento de estos misiles en una semana en la que la credibilidad iraní ante los ojos de Occidente ha decaído tras el anuncio de la construcción de una segunda planta de enriquecimiento de uranio en Qom. Por esta razón la Casa Blanca se refirió a las maniobras como “una provocación”. Desde Rusia, país cuyo apoyo resultará clave si se quiere presionar de verdad a Teherán, el ministro de Exteriores, Sergei Lavrov, pidió “calma” ya que “nada es más importante que las negociaciones del jueves”.
Irán acude a Ginebra con las imágenes de sus nuevos misiles surcando el cielo de la república islámica difundidas por todas las televisiones del mundo, pero de las declaraciones de sus dirigentes se percibe una clara tendencia al victimismo. El presidente del Parlamento iraní, Ali Lariyani, aseguró que la denuncia de Occidente sobre la nueva planta nuclear es una maniobra para "imponer su voluntad y forzar el sometimiento” de Irán.
La polémica nuclear preocupa a la comunidad internacional, pero no interesa demasiado en un Irán que volvió a ser escenario de protestas contra los dirigentes del régimen. Esta vez el escenario fue la Universidad de Teherán a la que finalmente el presidente Mahmoud Ahmadineyad no pudo acudir a la ceremonia de apertura oficial del curso académico. Ante la posible imposición de nuevas sanciones a Irán por su programa nuclear, el líder de la oposición, Mir Husein Musavi, a través de la web Rouydadnews, aseguró que “pensando con simpleza podría parecer que estas sanciones serían beneficiosas para nuestro movimiento verde, pero no es así”.
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