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Actualizado Sábado, 26-09-09 a las 23:16
Se puede situar la diana del Palmarés 2009 del Festival de San Sebastián en Lola Dueñas y Pablo Pineda, los protagonistas de «Yo también» y los ganadores de los premios de interpretación. El grado de complicidad que estos dos personajes alcanzaban entre ellos y con el público es tan intenso y potente que lo vería desde un topo hasta un crítico de cine, incluso un director como Laurent Cantet, el francés que presidía el jurado.
Si este premio ha sido el centro de la diana, la bala perdida le corresponde al argentino Campanella y a su película, «El secreto de sus ojos», la que más ha gustado a todo el mundo y que ha de purgar por ello con ese desprecio de casta y alcurnia de cualquier jurado que se precie, al menos en San Sebastián, un Festival que se honra de haber hecho invisibles a películas como «Muerte entre las flores» o «Promesas del Este».
La Concha de Oro ha sido para una película grande, espectacular y en blanco y negro (también le han dado el premio a la mejor fotografía), la china «Ciudad de vida y muerte», en donde se amasa lo bélico y lo dramático. Da la impresión de que el chino Lu Chuan ha trincado este gran premio como un «mal menor» al truncárseles a ciertos miembros del jurado sus primeras opciones. Desde luego, el gran premio otorgado a François Ozon y a «Le refuge» suena a un de aquí no me apeo del jurado y francés Cantet, porque tanto ésta como las de Dumont o Honoré, han sido las más flojas de la competición...
Premiar a Javier Rebollo con una Concha de Plata por su dirección en «La mujer sin piano» puede tener una fácil y justa explicación: es un ejercicio de estilo, busca una manera, una expresión particular para narrar las horas de reflexión de una mujer vacía que huye de su sucedáneo de vida. Una dirección escueta, despojada, fría, acristalada, concentrada en «la circunstancia» del personaje... Digna de premio pero, al tiempo, totalmente esquiva con la personalidad, estilo o manera de su protagonista, Carmen Machi, que dentro de ese personaje podría haber aspirado a un Oscar.
El premio al guión de la australiana «Blessed», un trenzado de desgracias conectadas entre padres e hijos, cerró el palmarés oficial. Fuera de éste, merece la pena mencionar el premio que otorga otro jurado a un nuevo realizador, que se llevó (o sea, los 90.000 euros) el belga Philippe Van Leeuw por «Le jour où Dieu est parti en voyage».
El festival lo abrió «Chloe», de Atom Egoyan, película desaparecida injustamente en el combate, y ayer lo cerraba otra de intensidad dramática parecida, «Mother and child», de Rodrigo García, con Anette Bening y Naomi Watts, las dos guindas de este amargo pastel.
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