Martes, 22-09-09
HOY le ha tocado a Italia llorar a sus soldados muertos. Impresiona ver a las jóvenes viudas con sus niños en brazos, con la tristeza oculta de quien está obligada a ser fuerte por ser mujer, de quien hizo de la valentía su razón de vivir. Emociona ver a tantos familiares que intentan esconder su dolor con el orgullo de compartir la sangre de aquellos que dieron su vida por la patria. Conmueve el dolor auténtico de miles de personas que lloran ante unos ataúdes que acaricia el jefe del Estado en el silencio de la basílica de San Pablo. Y, a pesar de ese silencio, obligado por el dolor, se alzan las voces de quienes de verdad saben la situación de los soldados en Afaganistan.
¡Basta de hipocresía, esto es una guerra!, dice el general Castellano, abriendo el debate. Y ante los cuerpos de los seis jovenes paracaidistas, no hay nadie en Italia, político o no, que no admita que sus soldados están combatiendo en Kabul, y por ello van a aumentar la financiación de esta misión para que, al menos, puedan defenderse mejor de los ataques diarios que sufren. Pero para hacerlo y para contar con el apoyo popular hay que afrontar la realidad y explicar al ciudadano de a pie que «peacekeeping» quiere decir que tú no disparas primero, pero que a ti te disparan a matar y tienes que defenderte.
Así es esta guerra, para los soldados italianos, americanos, ingleses y, aunque le pese a Zapatero y a sus ministros y ministras, también para los españoles, que quizás ayer partieron de sus casas en misión de paz, pero que hoy pueden morir en ese campo de batalla en el que se han convertido las calles de Herat. Haría bien nuestro presidente en revisar esta peligrosa misión, que sigue muy a su pesar respondiendo a la línea trazada por su odiado Bush y seguida por su amado Obama. América sabe lo que quiere y sabe por qué lucha; les da igual cómo bauticen a esta guerra, si contra el terrorismo o por la libertad del pueblo afgano. Ellos saben que su seguridad está en juego y que su supremacía está por encima de todo. Pero, ¿y España?, ¿por qué está luchando?
Quizás en la próxima presidencia europea, que Zapatero espera como agua de mayo, debería plantarle cara a su amigo americano y decirle: «Mr. Obama, Europe wants to know». Y si seguimos sin saber cuánto tiempo vamos a estar en ese laberinto de gobernantes de dudosa legitimidad y de terroristas, al menos deberíamos recuperar el control de esta guerra, que se nos está yendo de las manos. Y si alguien aún tiene dudas de dónde están nuestros soldados, que le pregunten a los hijos de los paracaidistas italianos muertos. Seguro que se lo aclaran con un simple «a mi papá lo han matado en la guerra de Afganistán».

