
Actualizado Miércoles, 23-09-09 a las 02:02
El regreso por sorpresa de Manuel Zelaya a Honduras ha aislado todavía más a la nación centroamericana. Al vacío económico y diplomático impuesto por la comunidad internacional, que condena sin fisuras el golpe de Estado que acabó con la presidencia de Zelaya el pasado 28 de junio, se suma ahora el repliegue decretado por el Gobierno “de facto” que encabeza Roberto Micheletti.
Tras la aparición de “Mel” ante sus seguidores en una terraza de la embajada de Brasil en Tegucigalpa, el Ejecutivo ordenaba el cierre de los cuatro aeropuertos internacionales -para evitar “que (otros gobiernos) puedan intentar cualquier acción contra nuestro país”- y extendía el toque de queda por 36 horas. Ya en la madrugada, fuerzas policiales disolvían a los partidarios de Zelaya ante la cancillería brasileña, produciéndose enfrentamientos, saqueos de comercios, quema de vehículos y de restaurantes de comida rápida y un número indeterminado de heridos.
Las fuerzas del orden tuvieron que emplear gases lacrimógenos para dispersar a los zelayistas. Algunas fuentes sindicales mencionaron, sin aportar más datos, la muerte de una persona por arma de fuego. En el edificio de la embajada una treintena de hombres custodian al ex presidente, quien permanece fiel a su consigna de “Patria, muerte o restitución”.Tres dirigentes, de la "resistencia popular" que acompañaban al depuesto presidente hondureño, Manuel Zelaya, abandonaron la embajada de Brasil y están refugiados en casas particulares.
El dirigente campesino Rafael Alegría ha sido uno de los que ha dejado este edificio,coordinador del Frente Nacional de Resistencia contra el Golpe de Estado, agregó que él y dos de sus compañeros de movimiento, los sindicalistas Juan Barahona e Israel Salinas, "estamos fuera de peligro". El dirigente campesino explicó que decidieron abandonar por su cuenta la embajada porque fueron alertados de que el Ejército y la Policía iban a tender un cerco sobre el edificio y como dirigentes de la "resistencia" necesitaban estar con los manifestantes para seguir dirigiendo las acciones para la restitución de Zelaya en el poder. Han afirmado que tras la salida de la embajada de los tres en un automóvil algunos policías les persiguieron en motos y les hicieron varios disparos, pero que nadie resultó herido.
"El pueblo seguirá en la resistencia" a pesar del toque de queda impuesto por el Gobierno de facto de Roberto Micheletti y de los retenes en las carreteras para impedir que los seguidores de Zelaya lleguen a Tegucigalpa a manifestarse, añadió. Durante la intervención de la policía para disuadir a los manifestantes partidarios de Zelaya, con gases lacrimógenos, balas de goma y chorros de agua. Al menos 150 personas fueron detenidas por la Policía, un centenar de ellas por violar el toque de queda y el resto por participar en disturbios ocurridos tras el desalojo en la embajada, según una fuente policial. Medios locales informaron de que una veintena de personas fueron atendidas en el estatal Hospital Escuela por lesiones sufridas durante los disturbios.
Un llamamiento a la calma Ante los disturbios, los presidentes de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, y de España, José Luis Rodríguez Zapatero, hicieron hoy un firme llamamiento al gobierno de facto de Honduras para que respete la integridad de la Embajada brasileña en Tegucigalpa y del derrocado presidente hondureño. Lula y Zapatero se reunieron en Nueva York, donde ambos asisten a la Reunión de Alto Nivel sobre Cambio Climático organizada por Naciones Unidas, y mostraron su "preocupación" por la "frágil" situación que atraviesa Honduras, según explicó a los medios de comunicación el ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos.
Y mientras, los periodistas extranjeros se agolpan y esperan en las fronteras del país con El Salvador, Nicaragua y Guatemala, el caos y el desconcierto parecen haberse apoderado de la capital hondureña, donde los cortes de fluido eléctrico son generalizados -según los medios locales en internet- y la comunicación telefónica desde el exterior es casi una quimera.
También el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, tuvo que suspender su planeada visita a Honduras. Micheletti dijo con sorna que “ellos tienen experiencia en ingresar furtivamente”, y descartó que esa mediación pueda servir para algo, ya que el país fue expulsado de la OEA, por lo que “no podemos aceptar que vengan aquí a darnos instrucciones fuera de la ley”.
«El diálogo lo rompió Zelaya con su ingreso»
El mandatario interino también dijo que el diálogo de San José, facilitado por el presidente costarricense Óscar Arias, “lo rompió Zelaya con su ingreso” al país. Micheletti insistiría en que “hay que ir a elecciones el 29 de noviembre. Ni estas actitudes ni otras que inventen nos van a detener para que el pueblo hondureño vaya a votar masivamente y así el 27 de enero (fecha prevista para la toma de posesión del futuro presidente) iniciar una nueva época en el país”. Su gabinete le pedirá a Brasil que conceda asilo político a Zelaya y lo saque de Honduras o, por el contrario, que lo entregue a la justicia. El presidente brasileño, Luis Inácio “Lula” da Silva, ha instado al Gobierno “de facto” a que “no toque” a su embajada.
Micheletti también se dirigió a “los hermanos venezolanos: desháganse de ese dictador (Hugo Chávez) políticamente”. Chávez, que ha apoyado con toda su artillería dialéctica y monetaria a Zelaya desde su derrocamiento, anunció prácticamente en directo por televisión el regreso del ex presidente a su país.
Sobre la forma en que “Mel” pudo burlar la vigilancia fronteriza, el ministro de Defensa, Adolfo Sevilla, señaló que “tenemos alguna información de que un Gobierno de América del Sur, que no es Venezuela”, introdujo a Zelaya en el país oculto en el maletero de un vehículo con matrícula diplomática. Sin embargo, otras fuentes aseguran que lo hizo dentro del coche de un político de San Pedro Sula, la capital económica del país.
Mientras Micheletti sostenía el lunes que Zelaya permanecía en “su suite de un hotel Managua”, éste se encontraba a escasos metros de la Casa Presidencial, anunciando que había vuelto para “negociar”. “Es una lástima que le perdimos la pista cuando estaba en Nicaragua, luego supimos que se fue para El Salvador. Hemos perdido incluso la información que se tiene en estos países, y ése fue el motivo de perder las secuencias de dónde se encontraba”, aceptó después Micheletti. “No se dieron ni cuenta a qué horas entré, quedaron burlados”, se mofó Zelaya.





