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Martes, 22-09-09
Si la hipótesis se correspondiese con la realidad, algo que nunca se sabrá, sería una historia casi de novela: una persona acaudalada esconde en la Ribera del Guadalquivir, a pocos metros del río, trece monedas de oro de ocho escudos cada una por miedo a la invasión francesa. Nunca las recupera.
Esta historia no está comprobada y pertenece a la explicación que los arqueólogos buscan para el hallazgo que se acaba de producir en la zona de la Puerta del Puente, en las obras del colector de la Ribera. Los trabajos arqueológicos han dado con trece monedas de oro acuñadas por Carlos III y Carlos IV y con un valor de ocho escudos cada una.
Las piezas se encuentran en perfecto estado de conservación, según fuentes de la excavación arqueológica. Está previsto que en el día de hoy se entreguen a la Delegación Provincial de Cultura. Tres de las monedas por Carlos III tienen fecha de 1776, y a ellas se suman una de 1777, una de 1778, una de 1781, dos en 1782, dos en 1783 y una de 1787.
Las dos más recientes tienen ya la efigie y el nombre de Carlos IV, hijo y sucesor del anterior, y tienen fecha de 1795 y 1801. Todas ellas son de ocho escudos, las de más valor que se acuñaban en la España de aquellos años, y están realizadas en oro de 24 kilates. Su valor y su número hacen pensar en que su propietario se encontraba en una posición bastante acomodada.
Las fechas y el lugar en que se encontraron hacen que los historiadores formulen la hipótesis de que su propietario las escondió allí por temor a las tropas francesas, que entraron en Córdoba en junio de 1808 y que realizaron grandes saqueos. «Su dueño después a lo mejor no fue capaz de encontrarlas o simplemente no pudo volver a por ellas», piensan los investigadores.
Envueltas en tela
No hay restos de madera podrida que evidencien que el tesorillo pudo ser enterrado por su propietario en un cofre ni tampoco vestigios de un recipiente de barro, así que la hipótesis más probable es la que lleva a pensar que iban en una bolsa de tela, que con el paso de los años se ha descompuesto sin dejar rastro.
El lugar en el que las monedas han estado más de doscientos años es una rampa que unía la zona de la Puerta del Puente con el acceso a un arrecife o embarcadero del Guadalquivir, y que estaba junto al Molino de la Albolafia. Los restos de este embarcadero han aparecido en las recientes obras de la Ribera que está llevando a cabo la Consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía.
Según las mismas fuentes de la excavación, «no es común» el hallazgo de monedas de este tipo, que en el mercado podrían tener un valor bastante elevado tanto por la época como por ser las mayores piezas de oro que circulaban en la España de los últimos años del siglo XVIII.
Las monedas tienen en el anverso el busto del monarca y una abreviatura que dice en latín: «Carlos III [o IV] por la Gracia de Dios Rey de España y de las Indias», junto al año de acuñación. En el reverso figura el escudo de armas del monarca rodeado por su lema, también en latín: «En otro mundo, felices, bajo la mirada de Dios». Flanqueando al escudo, el valor de la moneda y una S, que puede corresponder a la ceca en que se fabricó, es decir, Sevilla.
Las monedas de ocho escudos acuñadas por Carlos III y Carlos IV deben tener un peso exacto de 27 gramos por unidad y un diámetro de 36 milímetros.
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