Obama insiste en que primero hay que aclarar si se está aplicando la estrategia más adecuada
Actualizado Martes, 22-09-09 a las 17:45
El comandante de todas las fuerzas del Pentágono y de la OTAN desplegadas en Afganistán ha planteado a la Casa Blanca un dilema tan claro desde el punto de vista militar como espinoso políticamente para la Administración Obama: enviar más tropas con urgencia o prepararse para un fracaso inevitable. De acuerdo a un informe confidencial que el general Stanley McChrystal remitió a finales de agosto a Washington, y que ayer fue filtrado a la Prensa, sin el despliegue de tropas adicionales durante este curso, la guerra librada durante los últimos ocho años "probablemente resultará en un fracaso".
La petición del general McChrystal se enfrenta al creciente rechazo en Estados Unidos a una mayor implicación militar en Afganistán, tanto entre la opinión pública como entre la mayoría parlamentaria del Partido Demócrata. Y de hecho, el presidente Obama durante su maratón dominical de cinco entrevistas televisivas dejó claro que primero hay que aclarar si se está aplicando la estrategia más adecuada en el frente afgano.
De acuerdo a las metódicas dudas expresadas por Obama a la cadena CNN, no se debe plantear primero la cuestión de recursos: "Existe una inclinación natural a decir 'si cuento con más, entonces puedo hacer más'. Pero ahora mismo, la cuestión, la primera cuestión es ¿estamos haciendo lo correcto? ¿estamos siguiendo la estrategia adecuada?". Con vehementes desmentidos por parte del presidente de que se esté retrasando esta difícil decisión por cuestiones de conveniencia política y prioridades domésticas.
En contraste, el análisis de 66 páginas del general McChrystal, nombrado en mayo para dar un impulso al frente de Afganistán, indica de forma apremiante y categórica que "el no ganar la iniciativa y frenar el impulso del enemigo a corto plazo (los próximos doce meses) -mientras la capacidad de seguridad afgana madura- amenaza con producir un resultado en el que derrotar a la insurgencia no será posible".
A partir de la inicial orden de refuerzos impartida por el presidente Obama al poco de llegar a la Casa Blanca, el contingente militar de EE.UU. en territorio afgano llegará durante el 2009 hasta los 68.000 soldados, junto a 38.000 efectivos de la OTAN. A partir de ahora se espera que el general McChrystal complete su análisis con la formulación de una serie de escenarios que contengan solicitudes concretas en materia de refuerzos. Con cifras que podrían abarcar desde 10.000 a 45.000 efectivos adicionales.
Desde la invasión ordenada por la Administración Bush, el Pentágono ha acumulado un total de 764 bajas mortales en la guerra de Afganistán. Cifra que se ha disparado con los sangrientos combates registrados durante la última campaña de primavera-verano, en la que los militares de EE.UU. no han ocultado su sorpresa ante la agresiva capacidad ofensiva demostrada por los talibanes.
A todo este panorama especialmente negativo para la Casa Blanca se suma la polémica sobre las prácticas de voto fraudulento registradas en las últimas elecciones de Afganistán. Este cúmulo de circunstancias ha generado en Washington durante las últimas semanas advertencias, comparaciones históricas y reflexiones sobre el impacto que tuvo la escalada militar en Vietnam en la ambiciosa agenda doméstica del presidente Johnson.
Por lo que respecta a la segunda parte del binomio "Afpak", la Administración Obama parece gozar de un margen de maniobra un poco más amplio en Pakistán. Con algo de optimismo a la vista de los éxitos logrados por las fuerzas militares locales, la eliminación de destacados lideres talibanes y la creciente impopularidad de las fuerzas integristas en Pakistán. Progreso que será revisado esta semana durante un previsto encuentro en Nueva York entre el presidente Obama y el líder paquistaní Asif Ali Zardari.
Entre las cuestiones que preocupan al gobierno de Estados Unidos figura aprovechar al máximo la triplicada ayuda económica a Pakistán, que el año que viene llegará a un presupuesto de 1.500 millones de dólares. Con insistencia en establecer suficientes salvaguardias para proteger esos fondos de la notoria corrupción del gobierno de Islamabad y poder financiar visibles proyectos de infraestructura



