
Norma Duval is back. Por si alguien no se había enterado o no había visto sus dos posados remunerados en «¡Hola!» (el primero para no decir nada y el segundo, del que el primero era preparatorio, para anunciar su separación del hombre guapo). Y el suyo no es «El regreso de la momia», que la dama luce estupenda. Vestida y en biquini, con hijo biombo y sin él.
10.30 de la mañana de un domingo. Desfile de Hannibal Laguna. Será de Primavera-Verano pero para Laguna no hay estaciones, hay vestidos de amor y lujo, vestidos de «Dinastía» (las mujeres siempre pasamos frío; a cambio, lucimos turgentes y empitonadas). Y las 10.30 no son horas, salvo que como en aquel anuncio de Calandre vuelvas de una farra de toda la noche, pero ahí estaba la tempranera Norma con un elaborado cardado capilar que la elevaba por encima de su alta persona (es el truco que utiliza Kim Yong II, el presidente de Corea del Norte para no parecer tan bajito, aunque ella no lo necesita). Iba de negro, como una viuda que sólo llevara el alivio en la cabeza de los 80.
Pero espérate, que en los créditos de «Regreso al pasado» no sólo estaba la vedette. A su lado, Isabel Luque. Sí, hombre, Isabel Luque, una de las presentadoras de «Aplauso» (plas plas plas plas, plas plas). Isabel Luque, la actriz de «Pepito Piscina», «Los bingueros» o «La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona». Si añadimos que en el front row de Francis Montesinos apunté a Rupert, que dice que la primera cliente de su nueva peluquería fue la Duquesa de Alba, tenemos un reparto de celebridades de cuando los dinosaurios dominaban la tierra. Es verdad que a lo de Laguna también fue Paz Vega pero es que Norma Duval lo eclipsó todo (bueno, menos a la modelo Arantxa Santamaría, que arrancó los olés de los fotógrafos).
Porque Norma ha vuelto a ser famosa (un concepto turbio) tras la larga temporada en la que ha estado hibernando en jaula de oro (o no). Su paso por el kissing room lo demostró. La sentaron en el sofá del espacio Grey Goose y le pidieron que posara. Y ella posó. Hizo de mujer articulada, extendió los brazos, cruzó las piernas y click, click, click. Diva total. He vueeeelto. Que le pides que pose hace unos meses y te manda al demonio. O sea, zas, plas, cataplún. Pero ahora está de promoción de sí misma. Con las mismas cosas de antes.
Llamó a alguien del equipo de Hannibal Laguna y parece que le dijo qué vestido le había gustado más. Carmenpoleando. En el fondo, es el único sentido que para un particular tiene ir a un desfile. El de antes. El de cuando las señoras iban a la Maison Chanel en la Rue Cambon y elegían los vestidos que pasaban las modelos. Aunque los pagaban.


