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Noche de contrastes. El Bernabéu reparte halagos a espuertas para los nuevos. Para Kaká y Cristiano, sobre todo. Y también comienza a tomar cuerpo el perfil del próximo «patito feo». La grada la tomó ayer con Gago. Y no fue en una acción aislada. En un equipo con tanta estrella, el argentino parece el blanco más débil y con menos paraguas. Tenía la obligación de suplir a Xabi Alonso y eso son palabras mayores. Además, su entrenador le puso a los pies de los caballos al montar un once con dos centrocampistas y cuatro delanteros. Con este dibujo los medios centro soportan un peso defensivo que descubre carencias y refuerza virtudes. Es el debate de la temporada.
El Madrid no se adueñó del balón, no llevó el control del partido y se partió más de la cuenta en la primera parte. Canalizó todo su juego por el medio y las pérdidas permitieron al Xerez montar el contragolpe. Ahí sufrieron Gago y Lass. Dos penitentes intentando achicar agua por todos lados porque los cuatro que juegan arriba muchas veces no echan una mano.
Todo lo que acontecía alrededor de la sala de máquinas chirriaba. Así lo vio Pellegrini porque en la segunda parte cambió el guión. Quitó a dos delanteros, Raúl y Kaka, y metió a dos medios, Granero y Guti. Y cambió el partido. Para todos, menos para uno. Gago se cobró el enojo de la gente. La gran bronca llegó en una jugada clara de contragolpe para los blancos, pero entregó el balón al rival.
Menos mal que por ahí estaba Cristiano para calmar los ánimos. En un córner dio un brinco y marcó su segundo gol, que le convierte en el pichichi de la Liga con cuatro tantos. Luego llegó la puntilla de Guti y el alivio para Benzemá, que se estrenó como goleador, y el regreso de Ruud Van Nistelrooy, con su gol.
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