En las pasadas elecciones europeas el Bloque de Izquierda, coalición de comunistas, trostkistas y maoístas fundada en 1999, logró convertirse en el tercer partido político de Portugal al recibir un apoyo del 10,7 por ciento de los votos. Fruto, en buena medida, del descontento de los votantes más jóvenes de la izquierda con la figura del primer ministro, el socialista José Sócrates, y la frustración ante un debate político que se percibe alejado de las necesidades reales.
«Asistimos a una disputa interna entre dos partidos que de ningún modo refleja lo que sucede en la sociedad», explica Maria João Seabra, directora de información del Instituto de Estudios Estratégicos e Internacionales de Lisboa. «El mensaje de la coalición está calando en un determinado sector del electorado, porque resulta más atractivo dadas las necesidades de aquellos jóvenes de clase media que viven en las ciudades. Por otra parte, el Bloque nunca ha estado en el Gobierno y, por ello, le resulta fácil hacer todo tipo de propuestas».
Los efectos de la crisis
Daniel Pinheiro, de Aveiro, reúne todas las características del perfil del votante de la coalición de izquierdas liderada por Francisco Louçã: tiene 22 años, cuenta con formación universitaria y parece escéptico ante las propuestas de los principales candidatos. «Ninguno de los dos tiene nada que aportar. Sócrates no tiene credibilidad y la imagen de Ferreira está muy alejada de los jóvenes».
Aunque en agosto los portugueses recibieron la inesperada noticia de que su economía había crecido tres décimas, la larga crisis que padece el país ha dejado solo al primer ministro, acosado por los ataques desde todo el espectro político. El Bloque, comunistas y verdes reprochan a Sócrates el bajo rendimiento de los planes de pensiones.
Mientras tanto, el desempleo(de más de un 9,1 por ciento) hace mella en las aspiraciones de aquellos que tratan de acceder al mercado laboral. João Nuno Silva, que se encuentra terminando la carrera de Contabilidad y está inscrito en un programa de inserción social de desempleados, se siente atraído por la idea de una Federación Ibérica. «Es algo que entre los portugueses ya va prendiendo, pero nunca podría ser bajo el predominio de Madrid. Federación Ibérica, sí, pero con unas reglas definidas».


