España se ha convertido en protagonista inesperada de la campaña electoral de Portugal, considerada por los analistas una de las más emocionantes e impredecibles de la historia de la democracia lusa. No se vislumbran mayorías absolutas, y sí un periodo de gran inestabilidad política dentro de un contexto económico nada favorable para el país.
El verdadero hito en la primera parte de esta campaña electoral ha sido la frase que la candidata a primera ministra por el centro derecha, Manuela Ferreira Leite, lanzó hace una semana en el debate televisivo frente al jefe del Ejecutivo luso y candidato socialista, José Sócrates: «Portugal no es una provincia de España», exclamó, en referencia al proyecto del AVE ibérico. La candidata del Partido Social Demócrata pretende cancelarlo si gana las elecciones legislativas del próximo día 27.
Su discurso sorprendió en la sociedad portuguesa. Nada hacía prever esa estrategia electoralista, ni siquiera la tradición política y el pasado profesional de la ex ministra de Educación y de Finanzas, quien fue consultora del Banco Santander Totta.
Para el periodista y analista Carlos Magno, las palabras de Manuela Ferreira Leite fueron «intencionadas», puesto que «sabe que el AVE da muchos votos». Para Magno, resultó «vergonzoso y humillante decir que el AVE sólo interesa a España». Otro analista político y económico, Francisco Sarsfield Cabral, considera que dichas declaraciones «fueron uno de los varios errores cometidos por la líder del PSD en la precampaña y la campaña electoral»
Vuelta a la normalidad
Después de que la agitación política causada por las reacciones, a uno y otro lado de la frontera, a las declaraciones de Ferreira haya comenzado a remitir, la campaña ha retomado su curso. Aunque el debate político parece resistirse a tratar los grandes problemas del país. Un supuesto caso de espionaje del Gobierno a la Presidencia de la República acapara ahora protagonismo en los medios locales.
Con un país sumido en la crisis y un primer ministro con una imagen desgastada, «el PSD tiene todo a su favor para ganar», apunta Sarsfield Cabral. Manuela Ferreira Leite es, ante todo, «la anti Sócrates», comedida ante las cámaras, llaman la atención su sobriedad y su figura «nada espectacular, que huye del teatro», añade el analista.
Son varios los artículos dedicados a su voz femenina, «convincente, sensual, agresiva y capaz de ganar votos», opina Carlos Magno. «Sus palabras llegan a los oídos de un electorado nostálgico de un cierto «salazarismo»», sostiene Magno, quien cree que el hecho de ser mujer «juega a su favor, porque en tiempos de crisis las mujeres saben gestionar mejor la economía de los hogares».
La izquierda fragmentada
Si sumamos los resultados de los últimos sondeos, los partidos de izquierda reúnen más del 60% de los votos, divididos en tres fuerzas políticas diferentes (socialistas, comunistas y bloque de izquierda). Para el analista y periodista Antonio José Texeira, en estas elecciones «están en juego la gobernabilidad del país, la continuidad de lo realizado en los últimos años o la ruptura con esta política». Magno recuerda que Sócrates «está solo», ya que «a lo largo de cuatro años y medio se ha ganado muchos enemigos». Por ello la gran incógnita es si se alcanzará o no un acuerdo entre dichas fuerzas de izquierda, y si el actual primer ministro logra vencer en las urnas.
Otro de los frentes electorales es la concepción de la familia: los socialistas pretenden legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, algo a lo que Ferreira se opone tajantemente.
La crisis también amenaza con decantar la balanza. Las manifestaciones y las huelgas de los funcionarios contra los recortes de gastos en la Administración han sido uno de los mayores quebraderos de cabeza para Sócrates. Ferreira, por su parte, denuncia el excesivo gasto público del Ejecutivo y promete no subir los impuestos (tampoco bajarlos).