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Calatrava inaugura la nueva estación de Lieja, tras doce años de trabajos
AFP Aspecto de la flamante estación de Lieja, obra de Calatrava
Hecha con 11.000 toneladas de acero y 32.000 metros cuadrados de vidrieras, ayer se inauguró la nueva estación de tren de la ciudad belga de Lieja, diseñada por el arquitecto Santiago Calatrava. Para la ciudad ha sido un esfuerzo enorme, puesto que los trabajos se han prolongado durante 12 años y se calcula que ha costado 400 millones de euros, exactamente el doble de lo que se había presupuestado. Solamente la fiesta de inauguración de ayer costó la friolera de seiscientos mil euros.
La ciudad, cuna de la siderurgia valona hoy en la mayor decadencia, había elegido este gigantesco proyecto que ha modificado radicalmente su silueta, para lograr, como decía ayer la prensa belga, «imitar a Bilbao y al impulso que le ha dado a la ciudad el Museo Guggenheim». Sin embargo, otros comentarios han empezado ya a preguntarse «después de la estación de Calatrava, ¿qué?», en referencia a que la rutilante estación no tendrá probablemente el mismo atractivo turístico a pesar de que la estación construida por Calatrava trae a esta ciudad el Tren de Alta Velocidad y la conecta con ciudades como París y Londres. A la puesta de largo de «Les Guillemins», como se llama oficialmente, asisteron más de veinte mil personas. Los grupos ecologistas de la región han protestado por «la inversión de una suma faraónica en una estación, cuando el resto de la red ferroviaria está en una situación lamentable».
La estación de Lieja no es, sin embargo, la única recién inaugurada. En Amberes, la gran metrópoli de los flamencos, la otra mitad de los belgas, se ha optado por todo lo contrario, un proyecto que integra la vieja estructura dentro de una cobertura de vidrio y que mantiene las líneas de la que ha sido considerada como una de las estaciones de tren más bonitas del mundo, al estilo de la de San Pancras de Londres.
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