Jorge Drexler y Manuel Huerga presentaron en Madrid «Un instante preciso» obra (que se pondrá a la venta en DVD en octubre y saltará el charco para proyectarse en salas de cine de Iberoamérica) en la que el documentalista retrata al compositor uruguayo en su gira catalana. Drexler toca el miércoles 16 en la Casa de América de Madrid. No hay entradas
Huerga y Drexler contestaron a las preguntas de los lectores de ABC.es
Actualizado Miércoles, 16-09-09 a las 10:04
El conjunto de instantes precisos en los que Huerga dibujó a Drexler transcurrieron entre el 22 de noviembre y el 1 de diciembre de 2007.
Admirado por su rara habilidad de hablar al oído de cuantas personas le hagan frente en las butacas, ante la prima y el bordón de su guitarra, se dejó seguir Jorge por el objetivo del autor de Son & Moon (2008), Viure Un Somni (2004), Les Variacions Gould (1992), El Quadrat D'Or (I) (1990) o Buñuel (1989) entre otras celebradas muestras del género documental.
Y fue en ese lugar, en este instante, donde Huerga aprendió «a conocer» a Drexler y Jorge se entregó al «experto voyeur que es Manuel» para construir, mano a mano, la cinta que ha merecido el Premio del Público en el XII Festival de Málaga.
Y es que el instante delicioso que se han inventado Jorge y Manuel tenía casta suficiente para prometer placer antes incluso de que naciese. Y cumple: Regala oídos, vista y alma con la habilidad «pentagramada» del primero, la certera y medida pupila del segundo.
Lo hace con quien crea en las palabras escogidas de Drexler, en sus acordes precisos; lo hace con quien jamás le haya escuchado.
«Un instante preciso» es un ejercicio necesario de disfrute, de buceo intenso por la cara B de un compositor ya imprescindible y un intérprete único; entregado, espontáneo y divertido, al objetivo experto y certero de Huerga.
La lucha del documentalista por hacerse invisible, por colarse en el Planeta Drexler hasta «ser aceptado por su familia, ser acogido en su grupo, ser aceptado en la tribu». Cuando eso ocurrió, la cámara se hizo parte del mundo extremadamente creativo de Jorge Drexler, de su verbo empalagoso y su humor impreso a fuego en su sonrisa, sin embargo seria; sin remedio, permanente. Médico, poeta y alquimista Drexler es capaz de las emociones surgidas de acordes mezclados con palabras y así lo enseña Huerga en su cinta..
En Madrid será Drexler quien, este miércoles, se despoje de las cámaras que tanto le incomodan para ponerse cómodo sobre el escenario de la Casa de América. Su casa: el escenario y una América que le escucha con más atención desde que unos remos le llevasen hasta un Oscar, premio a su poesía en «Diarios de Motocicleta».
Entradas agotadas. Audiencia silenciosa y entregada una guitarra y «vos» (tú), a quien gusta sorprender improvisando de nuevo sobre un guión abierto al meticuloso estudio de un Drexler que nada deja a la fortuna; sí a la sorpresa propia.
Así se recoge en «Un instante preciso», testigo en blanco y negro de un hombre que «ejerce un imán sobre las personas. Tiene carisma y tiene este poder sobre los espectadores, sobre la gente que le va a ver, que en cinco minutos consigue metérselos en el bolsillo y crea un ambiente superíntimo, porque aunque haya 500 espectadores parece que estáis solo él y tú. Domina el lenguaje porque es poeta y es muy rico lingüísticamente y siempre es muy bonito escucharlo aunque no esté cantando».
«Ya me he sonrojado», reprocha Jorge Drexler a quien esto le dice, que no es otro que Manuel Huerga, el director que firma este delicioso retrato de lo sublime y lo humano. O al menos, algún que otro pequeño instante de todo ello.




