Urge al Congreso a endurecer la regulación del sistema antes de fin de año
Obama se dirige al sector financiero de Estados Unidos en el Federal Hall / REUTERS
Actualizado Martes, 15-09-09 a las 03:09
Barack Obama bajó hoy de las alturas de la Casa Blanca para tender su mano y a la vez descargar su trueno en Wall Street. En un esperado discurso ante sus principales asesores económicos, sus aliados en el Congreso y representantes de casi todas las firmas financieras que “cuentan” –si bien ninguna de las grandes mandó a su primera espada-, el presidente de los Estados Unidos hizo un llamamiento a la responsabilidad y al orden. Obama regañó a los que confunden vuelta a la normalidad con vuelta a la “complacencia”, advirtió de que no tolerará más comportamientos “que pongan en riesgo no ya al sector financiero, sino a toda la nación” y que su plan es aprobar antes de fin de año un sensible endurecimiento regulador. Con o contra Wall Street.
Obama había elegido el momento y el lugar con sumo cuidado. Habló en el Federal Hall National Memorial, que no sólo está en el número 26 de Wall Street –tomada ayer por la policía y por fans de Obama- sino que además es donde juró el cargo George Washington. La visita de Obama venía a simbolizar algo así como que el ojo del gobierno federal vuelve a posarse sobre las entrañas bancarias del sistema.
Y esto pasaba al cumplirse un año exacto de la caída de Lehman Brothers, una debacle que todavía no ha sido explicada con claridad. Las explicaciones dadas desde el Tesoro y desde la Reserva Federal –que en aquellos momentos no les asistían los mecanismos legales necesarios para salvar Lehman- suenan a excusa, más que a auténtica respuesta, para mucha gente.
En su discurso Obama pasó de puntillas sobre las decisiones tomadas antes de su presidencia. Vino a pintar un cuadro de irresponsabilidad total antes de llegar él: irresponsabilidad financiera en Wall Street, irresponsabilidad económica de muchos ciudadanos –dijo que “los que pidieron tarjetas de crédito e hipotecas a sabiendas de que no las podían pagar” tienen tanta culpa como los que se las ofrecían- e irresponsabilidad política en Washington, “donde se tendía a ignorar los problemas en lugar de a resolverlos”.
Hasta que llegó él, claro. Obama advirtió de que, aunque parezca que en estos últimos meses estaba distraído con otras cosas, él no ceja en su empeño de abordar “la más ambiciosa regulación del sistema financiero desde la Gran Depresión”. Quiere tenerla lista antes de final de año y espera que la industria coopere en lugar de ponerle pegas.
¿En qué consistirá esta reforma? Obama no dio detalles nuevos. En realidad pasó revista a todas las propuestas de su Administración que están pendientes. Empezando por la creación de una nueva agencia gubernamental para la protección del consumidor de productos financieros.
Obama insistió en que su mayor prioridad va a ser acabar con los vacíos legales que hasta ahora por ejemplo permitían mantener derivativos tan peligrosos como los credit swap defaults permanentemente por debajo del radar. La Casa Blanca también quiere acabar con la cultura del bonus a corto plazo. Asimismo se reafirma en su voluntad de expandir los poderes de la Fed y hacer de ella el macroregulador global, “el que ve el bosque y no sólo los árboles”, por ejemplo cuando haya que discutir si de verdad una empresa es “demasiado grande para caer”.
En este punto Obama se mostró un tanto críptico. Por un lado advirtió que esto del “demasiado grande para caer” tiene los días contados. “Un sistema financiero no es seguro si no se puede permitir la caída de una compañía”, advirtió. También avisó de que cuando estas caídas se produzcan, las tienen que pagar los accionistas, nunca más los contribuyentes. Pero inmediatamente pareció contradecirse, al decir que si, de todos modos acaban pagando los contribuyentes, “la industria les tendrá que devolver cada centavo”.
En resumen Obama trató de presentarlo todo bajo la luz más favorable para recuperar la iniciativa en este tema. Siendo aparentemente duro su discurso a la industria –a la que llegó a acusar de “malinterpretar” los primeros indicios de recuperación-, lo era mucho más en el discurso que el presidente llevaba preparado que en el que finalmente leyó.
El parlamento final contenía un poco menos de autobombo –de calificar la labor de Geithner de “estupenda”, al final la dejó en “notable”- y algún guiño conciliador. Obama endulzó todo con encendidas arengas al capitalismo y al libre mercado, siempre que se regulen con “sentido común”. Negó ultrajado que su reciente decisión de gravar los neumáticos procedentes de China sea proteccionista. Insistió en que Estados Unidos aspira a mantener en la próxima cumbre del G-20 en Pittsburg el liderazgo de la reforma financiera mundial. Pero claro, antes de dar lecciones fuera, lo primero es hacer los deberes en casa.




