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Cohen, en plan maestro
Uno de los detalles más emocionantes de la velada que protagonizó ayer Leonard Cohen en Madrid se produjo a las diez en punto. Es decir, nada más salir al escenario -haciendo gala de buena forma física, por cierto-, el público se puso en pie y rindió una cerrada ovación al maestro. Fue uno de esos momentos que hacen despertar a los pelillos del cuerpecillo.
Se trata de uno de esos músicos que saben tocan la fibra sensible, de una forma muy especial, a su público,que, por lo visto en el Palacio de Deportes, alcanza a todas las edades. A estas alturas nadie se atreve a vaticinar acerca de la posibilidad de que algún artista, por mayor que sea, esté viviendo su última gira.

Leonard Cohen, que pertenece a una generación anterior a los Beatles, a Dylan o a los Stones, anunció su retirada de la carretera a principios de los 90, aunque también añadió que nunca se puede decir nunca jamás. Pero algo de esto había ayer en el ambiente: «Gracias por vuestra cálida bienvenida -comentó el canadiense-. No sabemos cuando ocurrirá esto de nuevo, así que os daremos lo mejor que tenemos».
Y lo mejor que tiene son canciones llenas de poesía, de amor y de ironía. «Dance me to the end of love» abrió, como era previsible, el recital, aunque también hubo sorpresas, como el tema «Lover, lover, lover».
Cohen canta con lo ojos cerrados, casi parece encerrado en sí mismo. A veces se arrodilla, y hace alarde de su capacidad para alcanzar notas graves. Como en la interpretación caqsi cavernosa que hizo de «Bird on the wire». Tan ensimismado se encuentra en sus composiciones, que a veces se le veía un poco distante del resto de los mortales. Una atmósfera un poco fría que poco a poco fue superando, y que contrastaba con el espartano escenario: cortinas que reflejaban los colores cálidos de los focos. Ambiente íntimo y cercano en un espacio tan grande.
Los músicos, por supuesto, de traje, corbata y sombrero, como una banda de mafiosos dispuestos a robar el corazón de sus víctimas.
El cantante se ha visto obligado a salir la carretera para recuperar los ahorros perdidos -cinco millones volatilizados por obra y gracia de su ex representante-, pero ya que ha tenido que embarcarse en la aventura, procura regalar pequeñas joyas como cuando interpretó casi él solo en el escenario «Suzanne». Era el tema que abrió de nuevo el concierto tras el descanso. Fue entonces cuando llegaron el repaso al pasado más remoto, también con «Sisters of mercy». Fue la ocasión para romper definitivamente esa pequeña barrera que por un momento pareció cernirse sobre el ambiente. A partir de ahí, siguiendo por «The gypsy´s wife»vinieron casi tres horas que resultaron sublimes para los aficonados a dejarse seducir por ese toque de melancolía que Cohen domina y que le ha convertido en un icono de la canción de autor.
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