
ÁNGEL DE ANTONIO Patrulla de la Policía Local de Pozuelo, que realizó ayer un fuerte excepcional en la localidad
Tensa calma en Pozuelo, en medio de una fuerte presencia policial
Pozuelo de Alarcón vivió ayer su antepenúltimo día de fiestas en un ambiente dominado por una fuerte presencia policial, tanto de efectivos de «antidisturbios» como de agentes locales.
El control de la Policía y la movilidad de las patrullas evitaron que pequeños grupos de jóvenes bebiesen alcohol en la vía pública, haciéndose efectiva, en parte, la orden municipal de impedir el «botellón». Al cierre de esta edición no se habían registrado incidentes de importancia.
Una minoría logró evitar el control y sacó pecho cargando con su arsenal etílico -bolsas con botellas de alcohol, refrescos, vasos y hielos- hasta acampar en lugares donde pasar desapercibidos por las autoridades en el extrarradio de la localidad. También los hubo más cautos, que saciaron sus ánimos de diversión con las bebidas de las casetas de la feria.
Los alrededores de la calle Camino de las Huertas, donde el pasado domingo se desarrolló el «macrobotellón» y la batalla campal que tuvo como resultado diez policías heridos, dio paso a un escenario dominado por las patrullas. Las Fuerzas del Orden eclipsaron el protagonismo de cualquier actuación vandálica. Los exteriores de la comisaría estuvieron flanqueados por una veintena de agentes en todo momento.
La Policía Municipal madrileña tiene señalada como una de sus prioridades la lucha contra el «botellón». Así lo aseguran los responsables políticos de este Cuerpo: en 2009, hasta el 31 de agosto se habían remitido a la Comunidad de Madrid 44.639 denuncias por esta práctica, ilegal en la región desde el año 2002.
Los infractores pillados «in fraganti» son más de los denunciados a lo largo de todo el año pasado, que fueron 42.775. La explicación del área de Seguridad, que dirige Pedro Calvo, es que la vigilancia se ha incrementado.
Los responsables municipales de Policía Municipal aseguran que el «botellón» en la capital ya no es lo que era: hay concentraciones para su práctica en días concretos, pero son más pequeñas, y no los «macrobotellones» masivos de antaño. Pero los datos apuntan a que la actividad todavía es importante.
El área de Seguridad señala también una disminución de las denuncias impuestas a menores por consumir alcohol en la vía pública: de 325 en el año 2005, se ha pasado a 167 en 2008 y a 49 en este año. Un menor denunciado tiene que elegir entre una multa de 300 euros o acudir a un curso de la Agencia Antidroga que le concienciará sobre los peligros del alcohol.
Vendedores infractores
Pero por cada menor que bebe en la calle hay alguien que le vende ese alcohol, pese a la prohibición expresa que establece la Ley de Drogodependencia y otros Trastornos Adictivos, más conocida como «Ley Antibotellón», que puso en marcha el entonces presidente regional, Alberto Ruiz-Gallardón, y que ahora aplica como alcalde.
Para ellos, también hay sanciones: desde que el área de Seguridad asumió las competencias en esta materia, en julio de 2008, hasta finales de ese mismo año, se iniciaron 53 expedientes contra locales por este motivo, de los que 35 terminaron con un decreto de sanción. En lo que va del año 2009, ya se han iniciado expedientes contra otros 12 establecimientos, de los que dos tienen decreto sancionador.
En el caso de los que beben en la calle, las denuncias de la Policía Municipal se remiten a la Comunidad de Madrid. Es la Agencia Antidroga, organismo dependiente de la Consejería de Sanidad, la encargada de tramitar todas las denuncias. Y un volumen como el que genera la capital -al que se suman las del resto de municipios de la región- es difícil de absorber, con sus actuales recursos. De ahí que la gran mayoría de estas sanciones se queden sin tramitar.
Desde que la «Ley Antibotellón» entró en vigor en julio de 2002, ésta ha sido objeto de varias modificaciones. En 2004, el Gobierno regional suprimió la prohibición de vender alcohol en gasolineras. En 2008 se intentó eliminar la obligación de solicitar una segunda licencia municipal para vender alcohol en locales que no fueran de consumo inmediato. Un intento que al final no se llevó a cabo.


