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Molina, nuevo ex ministro a la fuga, anuncia que deja su escaño este mes
César Antonio Molina, en una imagen de archivo | FRANCISCO SECO
Si la economía se aprende en dos tardes, como le dijo Jordi Sevilla a José Luis Rodríguez Zapatero, la permanencia en primera fila del «nuevo socialismo» dura dos telediarios en cuanto se abandona la fe ciega en la capacidad de regate e improvisación del jefe del Ejecutivo. Sólo así se explican las «espantadas» de ex ministros que, una vez apartados del Gobierno, renuncian después a su acta de diputado, en una patente puesta en escena de desafección. El último, César Antonio Molina, ex titular de Cultura e intelectual de prestigio defenestrado hace unos meses en favor del «lobby» progre-cinematográfico representado por Ángeles González-Sinde.
A la Universidad
La fugaz gestión de Molina (no llegó a estar dos años en el cargo) tuvo algún brote polémico que en todo caso no llegó a empañar su condición de figura poco proclive a enfangarse en la refriega política del día a día. Ahora anuncia que dejará su escaño el día 14 para volver a enfrascarse en sus libros y en la docencia en la Facultad de Humanidades de la Universidad Carlos III de Madrid.
Pero si el caso de Molina puede denotar cierto cansancio o desencanto, mucho más llamativas vienen siendo las deserciones de quienes formaron el viejo equipo económico de Zapatero, reveladoras de quiénes no suscriben en absoluto la fórmula «gestión de la crisis es igual a subvenciones y ayudas públicas a tutiplén compensadas vía subida de impuestos». Como Jordi Sevilla, integrante del Cuerpo Superior de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado desde 1983 y portavoz de Economía del Grupo Socialista en el Congreso durante varios años, quien experimentó su primera frustración política cuando se le asignó la cartera burocrática de Administraciones Públicas. En el flanco económico se apostó por Pedro Solbes, hasta que ese hombre de aspecto cada vez más mustio y desolado confesó en un Foro de ABC celebrado el pasado febrero aquello de que envidiaba a Fernández Bermejo «porque es ex ministro». Él no tuvo que esperar mucho (sólo un par de meses) para adquirir ese mismo estatus y ahora se barrunta que también renunciará a su acta de diputado, cansado de contemplar cómo se echan por la borda sus postulados de contención del gasto. En la este de Solbes, también ha abandonado el barco Vegara, un sólido secretario de Estado de Economía. Y de la Oficina Económica de Moncloa se marchó David Taguas, afín a Sebastián. Ahora Zapatero ha de fiarlo todo a la capacidad de Salgado y a que el ministro de Industria le ilumine con sus bombillas chinas.
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