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Brasil anuncia la mayor compra de armamento militar de su historia
El «presal», la «segunda independencia del país»
Dirigiéndose a la nación, el domingo, Lula aprovechó el aniversario de los 187 años de independencia del país para celebrar lo que llamó «la segunda independencia de Brasil», y convocó a sus conciudadanos a trabajar por la aprobación de los proyectos de ley para la exploración del «presal», el mayor descubrimiento de Brasil de los últimos años.
El Gobierno pidió la aprobación de esas leyes por el Congreso en un plazo de apenas un mes, recomendación que viene siendo cuestionada como una medida preelectoral, ya que Brasilia utiliza el descubrimiento como un triunfo de su gestión y vinculándolo a la imagen de Dilma Rousseff, la ex ministra de energía y virtual candidata de Lula a la presidencia en 2010. Según el presidente, el descubrimiento colocará a Brasil entre los países con mayores reservas de gas y petróleo del mundo.
El presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, eligió ayer un escenario perfecto para el anuncio del mayor acuerdo militar de la historia del país desde la Guerra Fría: el desfile militar en conmemoración del Día de la Independencia, con la presencia de casi 50.000 personas y transmitido en directo a través de la cadena nacional. Era la ocasión ideal para anunciar que Brasil pretende convertirse en una potencia mundial en las próximas dos décadas.
Al lado del presidente francés, Nicolás Sarkozy, el invitado más ilustre del evento, Lula anunció la compra de submarinos y helicópteros franceses por un valor de 8.500 millones de euros y confirmó, por primera vez, que su país adquirirá también 36 aviones Rafale, de la empresa Dassault, por un coste aproximado de 2.800 millones de euros. El Rafale competía en el modelo Gripen, de la empresa sueca Saab, y con el F/A18 Super Hornet, de la gigante norteamericana Boeing.
Pero el acuerdo más importante firmado por Lula y Sarkozy ayer se refiere a la construcción conjunta de un submarino de propulsión nuclear y otros cuatro convencionales, modelo Scorpene, además de un astillero, que será edificado en unión de la empresa brasileña Odebrecht. Las obras deben emplear a unas cinco mil personas hasta 2014, cuando deben estar listos los submarinos.
Como siempre desde que las noticias sobre las compras militares se destacaron en los medios, Lula resaltó que el objetivo del acuerdo es la defensa del territorio y de la soberanía brasileña, y principalmente, del «presal», como es llamado el gigantesco yacimiento de petróleo descubierto por Brasil hace dos años en el fondo del Atlántico.
«Debe siempre pasar por nuestra cabeza la idea de que el petróleo ya fue motivo de mucha guerra y de mucho conflicto y no queremos eso. Estamos trabajando con la posibilidad de que, en los próximos 15 ó 20 años, Brasil se transforme en una gran potencia mundial», dijo Lula en su discurso de la Independencia, en el que citó la Amazonía como área de defensa.
Con este acuerdo, Brasil se convierte en el séptimo país que proyecta, construye y utiliza submarinos de propulsión nuclear, junto con Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia, China y la India. La diferencia en el proyecto de Brasil es que estos submarinos no son de ataque de largo alcance, sino más bien armas de defensa. Una ventaja del submarino brasileño es su mayor tiempo de inmersión a grandes profundidades, sin ser captado por sonares o satélites.
Transferencia de tecnología
El convenio incluye también la compra de 50 helicópteros EC-725 para las Fuerzas Armadas brasileñas, que serán entregados entre 2010 y 2016 y fabricados por un consorcio formado por la empresa brasileña Helibras y la europea Eurocopter, filial del grupo EADS.
El presidente francés manifestó, al mismo tiempo, su intención de comprar una decena de aviones militares KC-390, que están siendo desarrollados por la compañía brasileña Embraer. En el acuerdo, Francia se compromete a transferir la tecnología necesaria para la construcción de estas aeronaves.
El motivo principal apuntado por Brasil para la elección de armamento francés ha sido la transferencia de tecnología, que no habría sido ofrecida por otros países.
El diario «Folha de Sao Paulo» afirma que la Marina brasileña ya cuenta con submarinos alemanes, y que Berlín también habría ofrecido transferencia tecnológica. El rotativo cuestiona la contratación tras el acuerdo con Francia de empresas brasileñas, como la constructora Odebrecht, sin licitación previa. El rotativo sugiere que las decisiones habrían sido tomadas por civiles como Lula y el ministro de Defensa, Nelson Jobim, e impuestas a los militares.
Se ha especulado, también en la prensa local, con que la preferencia de Brasil por Francia tiene matices diplomáticos. Sarkozy le habría prometido a Lula su apoyo para la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, con énfasis para una silla brasileña; así como sustituir el G-8 por el G-20 como organismo central en las discusiones económicas. Además, el mandatario galo le habría ofrecido, incluso, el apoyo a Río como la sede olímpica para 2016, en detrimento de Madrid.
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