
Doña Elena, anoche junto al escritor mexicano y su esposa / ANGEL DE ANTONIO
Treinta y cuatro años ha cumplido el premio González-Ruano de Periodismo de la Fundación Mapfre, que en la presente edición por primera vez ha viajado allende el Atlántico, al serle concedido al escritor mexicano Carlos Fuentes, por su artículo «El Yucatán de Lara Zavala», publicado en el diario «Reforma» de México el 7 de abril de 2008.
Un viaje que era justo y necesario, tal y como ayer, en la apertura del acto, que tuvo lugar en el Hotel Ritz de Madrid, con asistencia de la Infanta Doña Elena, en calidad de directora de Proyectos Sociales y Culturales de la Fundación, subrayaba Alberto Manzano, presidente del Instituto de Cultura de la citada Fundación: «Era un cambio que nos parecía obligado por coherencia con la extraordinaria labor de integración y enriquecimiento de nuestro idioma común que están llevando a cabo las Academias que forman parte de la Asociación de Academias de la Lengua Española».
Historia y novela
En su artículo, Carlos Fuentes indagaba y exploraba las a menudo fértiles y prósperas relaciones entre historia y novela, a partir de la obra de Hernán Lara Zavala, titulada «Península, península», sobre la Guerra de las Castas, que asoló la región de Yucatán en 1847. El premio, que en otras ocasiones ha sido obtenido por autores como Ignacio Camacho, Juan Manuel de Prada, Arturo Pérez-Reverte y Antonio Muñoz Molina, fue concedido por un jurado presidido por el propio Manzano y formado por Pablo Jiménez (vicepresidente del Instituto), Manuel Alcántara, Juan Cruz, Juan Fernández-Layos Rubio, Antonio Gala, Antonio Mingote, Fernando R. Lafuente, Daniel Samper, Vicente Verdú y Daniel Restrepo, así como Raúl del Pozo y Antonio Burgos, ganadores de 2005 y 2006. Cruzado, pues, el Charco, ese contador de historias que es Carlos Fuentes no podía comenzar su discurso más que de fábula, y en compañía de otros grandes fabuladores como García Márquez, Roa Bastos, Carpentier, Vargas Llosa, novelistas que «debieron aprovechar la noticia histórica -la gran noticia- y trascenderla con el arte de la ficción».
Pero el matrimonio entre literatura y periodismo no siempre tiene que pasar por la vicaría del notición. Muchas veces, como recordó Carlos Fuentes, «es la noticia modesta, perdida en las páginas interiores de un diario, la que da origen a una gran novela». Y aquí el escritor tiró de los inspirados hilos de Flaubert y su «Madame Bovary», y de Stendhal y su «Rojo y negro», cimas de la literatura nacidas de una página de sucesos.
Realidad, ficción, juntas pero no obligatoriamente revueltas, como incidió el creador de «La muerte de Artemio Cruz». «El novelista dota a la escueta nota de prensa de lo que ésta no daba ni debía dar: la pasión, la voluntad y la ambición», pero «la noticia de prensa no puede darse estos lujos». El dedo del fabulador Fuentes recorrió luego las llagas del silencio y de la mordaza, porque, como resaltó en sus palabras, «qué bien entendemos a la verdad cuando un gobierno autoritario la censura y ofrece, en cambio, su versión de la verdad justificada por la necesidad política».
Era momento para un punto, más seguido que final, y un rotundo puñado de versales: «La verdad de la ficción es la imaginación. La imaginación del periodismo es la verdad».


