Tras las vacaciones estivales, muchas ciudades españolas amanecieron a principios de semana con un mensaje en sus calles: «bolsa caca». ¿Una iniciativa ecológica o un objetivo publicitario? El lema reaviva el debate ciudadano sobre las bolsas de plástico

Un final «verde y con asas»
En España, el Plan Nacional de Residuos plantea el objetivo de sustituir el 70 por ciento del plástico no biodegradable por bolsas que sí lo sean de aquí al año 2015. Aunque el texto recoge una fecha límite difusa, «a partir de 2010», para reducir el 50% de este material, se espera que a partir de esa fecha se tomen otras medidas que provoquen el destierro definitivo de estas bolsas. Y es que, sólo con la iniciativa de Carrefour, a final de este año se habrán dejado de generar 5.500 toneladas de plástico. Y así, a lo largo de su vida una persona puede ahorrar unas 18.000 bolsas de un solo uso, tal y como explicó a ABC el secretario general de Carrefour España, Agustín Ramos. Y es que sólo 10.500 toneladas de bolsas de plástico de las aproximadamente 100.000 toneladas que se usan, se reciclan cada año, según el Ministerio de Medio Ambiente. Por tanto, la salud del planeta depende de que sectores económicos y ciudadanos se conciencien de que hay que eliminarlas.
Una campaña «teaser» sin firma (que no declara autoría, a la espera de que un segundo mensaje publicitario aclare la información restante) ha sembrado desde el martes las calles de las ciudades españolas, las televisiones nacionales, y también las radios con la advertencia de que la bolsa de plástico común no es inofensiva. Las vallas o mupis (soportes de planos de la ciudad y metro) apuntaban el mensaje «bolsa caca», y el resto de medios las consecuencias de utilizar el plástico con imágenes de su nocividad. Seis días después, este sábado, Carrefour desvelaba su identidad con un nuevo mensaje, «Ayúdanos a retirarlas». ¿Objetivo ecológico o económico? Explica a los ciudadanos como «si tuvieran cinco años», que los sacos de plástico son «caca», dañinos para el medio ambiente. Un complemento a su iniciativa de eliminar progresivamente hasta el 31 de diciembre todas las bolsas de plástico de un solo uso de sus establecimientos que comenzó el pasado 1 de agosto en Jaén, y llegó a Madrid el 1 de septiembre. La cadena de supermercados ofrece la posibilidad de llevarse a casa una alternativa respetuosa con el medio ambiente, bolsas reutilizables o biodegradables y para los más tradicionales, los carritos de la compra, que también son ecológicos.
Sorpresa en Madrid
Se desconoce si el síndrome postvacacional incluye o no entre sus síntomas el estrés por tener que acudir a una gran superficie para hacer la primera compra tras el regreso a la vida rutinaria. Pero este trámite ha provocado esta semana más de una molestia a algunos ciudadanos que fueron sorprendidos con una innovación natural cuando acudían a avituallarse tras las vacaciones.
«¿Pero ya no dan bolsas?» era la pregunta generalizada de todos los clientes al pasar por caja el primero de septiembre, explica Yolanda, cajera del centro «Gran Vía de Hortaleza». «¿Y ahora cómo llevo yo toda la compra a casa?». La respuesta de la cajera dejaba conformes a unos, que sonrientes adquirían las alternativas biodegradables realizadas a partir de la fécula de la patata por cinco céntimos, o reutilizables de rafia por 50; pero también dejaba contrariados a otros tantos, que pensaban menos en la ecología. «Un gran número ha llegado a dejar la compra en caja y se ha marchado», concluye Yolanda.
«Me parece un timo», explica Manuel, a la salida del supermercado, «algo para que te gastes la “pasta”; porque si haces una compra grande, aunque te traigas dos o tres bolsas de casa, no cabe, y al final has de comprar más». Le interrumpe su mujer, Blanca: «Es una medida positiva porque tenemos que concienciarnos, pero el cambio debería ser completo, porque dentro del “super” siguen dando bolsas de plástico en la frutería y en la pescadería, así que creo que se contradicen a sí mismos», concluye. La misma idea comparte Luis: «Lo que me pregunto es si realmente lo hacen por el medio ambiente o porque así les funciona mejor económicamente».
Para la mayoría la iniciativa es una decisión que piensa en el futuro de todos. «La gente lo llevará mal al principio, pero al final se acabará acostumbrando igual que cuando se empezó a reciclar, nadie lo hacía por vaguería y ahora sólo es una minoría la que no lo hace», explica Paula, una estudiante de 18 años.
Dudas y críticas aparte, la propuesta ha tenido una gran acogida por la mayoría de los clientes (casi el 90 por ciento). Rafael Guerra, el responsable de línea de cajas de uno de los establecimientos, explica que le felicitaban estos días, diciéndole que «ya era hora de que se realizara este cambio». Es posible, agrega, que ello anime a hacer lo mismo a las cadenas competidoras. «No se trata de recaudar, sino de concienciar», explica Agustín Ramos, secretario general de Carrefour España, por eso el mensaje de la compañía anima primero a llevar consigo sus propios recipientes, y después dispensa sus opciones. «Se nos han agotado los carritos, los normales y los ecológicos», finaliza Guerra.
¿Pero cómo es un carrito ecológico? «Igual que los de tela pero fabricado a partir de materiales ecológicos como la rafia», explica Rafael. Por su parte, Eroski «descuenta» un céntimo por cada bolsa que se deje de usar en favor del carro o de las bolsas verdes.
Futuro con sabor a patata
El componente estrella de las bolsas que ahora sustituyen a las de un solo uso es la patata. El mismo tubérculo que llegó hace más de 500 años de América para enriquecer una alimentación deficitaria, ahora se apunta otro tanto con la ecología. Alfonso Biel, director general de Sphere, que fabrica estas nuevas bolsas ecológicas, explica que cultivan y recogen las patatas industriales (sólo 1.500 hectáreas para la producción de bolsas), para mezclar la fécula con materiales compostables, sin emitir CO2. Y todo ello sin cambiar de máquinas, aunque sí es cierto que el producto se encarece, por lo que reclaman ayudas para que el cambio masivo a las nuevas bolsas ecológicas sea una realidad.


