Lunes, 07-09-09
DESDE que tuvo que admitir la evidencia de la crisis, Rodríguez Zapatero pretende gobernar a base de ocurrencias para salir del paso. Una y otra vez, el sentido de la responsabilidad propio de un gobernante se subordina a la política de imagen. Ayer en Rodiezmo (León) el presidente del Gobierno realizó un nuevo ejercicio de retórica sin contenido, que sólo sirve para convencer a los ya convencidos por razones de interés partidista, pero que resulta perfectamente inútil para generar la confianza, imprescindible en el ámbito socioeconómico, que permita ver la luz al final del túnel. En la fiesta minera que organiza anualmente UGT, el líder socialista anunció que las pensiones mantendrán su nivel adquisitivo en 2010 y prometió también que las pensiones mínimas subirán por encima de la media. En apariencia es el mismo anuncio de todos los años, aunque en la práctica hay una diferencia sustancial: esta vez se trata de vender humo, porque no hay cuantificación alguna de dicha subida, con el argumento poco convincente de que esa cuestión se negociará próximamente con los sindicatos. Tampoco hay nada concreto en la declaración presidencial sobre su «compromiso» con las políticas sociales ni mucho menos en el guiño a la búsqueda de acuerdos con la oposición en materia de educación y de energía.
Incapaz de plantear una política rigurosa de austeridad en el gasto y de ofrecer expectativas razonables a los agentes económicos y sociales, el Ejecutivo sigue dando palos de ciego a ver si alguna vez acierta. Ahora el objetivo parece ser sacar adelante «como sea» la ley de economía sostenible, respecto de la cual está abierto una especie de concurso de ideas y ocurrencias. En este contexto debe entenderse la referencia a nuevas fuentes de energía, mientras se mantiene el dogma ideológico de culpar a las centrales nucleares de todos los males ecológicos. En cuanto a la Educación, ABC mantiene una postura inequívoca respecto de la necesidad imperiosa de un pacto educativo, pero da la impresión de que -una vez más- Rodríguez Zapatero pretende quedarse con la etiqueta y lanzar cortinas de humo en lugar de considerar en serio los problemas de fondo que preocupan a los expertos. En definitiva, el presidente empieza el curso en Rodiezmo dejando la sensación de que ya no tiene nuevos ases en la manga para distraer la atención mientras crece la preocupación social ante el drama creciente del paro y las amenazas para la estabilidad económica de las clases medias, en forma de subida de impuestos para los ahorradores y congelación del sueldo de los funcionarios públicos.
En cuanto a los pensionistas, el discurso de ayer sólo puede transmitir desasosiego ante la incapacidad del Ejecutivo para concretar la cuantía de una subida que, próximo ya el debate presupuestario, debería estar resuelta con toda claridad. A pesar de que el público estaba muy bien dispuesto, Rodríguez Zapatero no ha conseguido despertar la más mínima ilusión sobre la salida de la crisis. Las disculpas se acabaron hace tiempo, porque ya nadie acepta -salvo los sindicatos- que la culpa recaiga siempre sobre los demás, ya sean los EE.UU. (antes de Obama), los empresarios egoístas o la oposición extremista.

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