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«No es cuestión de número de tropas, es cuestión de órdenes. De poco sirve que se envíen más soldados españoles si no pueden realizar operaciones contra la insurgencia». El coronel Gholam Nabi ha entregado los últimos 17 años de su vida al Ejército y la Policía y ofrece una visión muy clara de los problemas que sufre Badghis. En su libreta tiene anotados los nombres de las principales amenazas para la seguridad de la provincia. Desde unos desconocidos mulás Khoduz o Babedin en Muqur, hasta los más conocidos Jamaludín, Ismail o Abdurahman en Bala Murghab. «Sabemos dónde se esconden, seguimos sus movimientos, pero no tenemos fuerza suficiente para acabar con ellos», lamenta mientras sigue con la lista de los que llama «falsos mulás» que dirigen la insurgencia en los distritos de Muqur y Bala Murghab. La lista es interminable y cada día aumenta, ya que la falta de trabajo está haciendo a muchos jóvenes optar por la vía de la lucha armada como forma de subsistencia.
El temible Shia Khan
«Hay que empezar ya a hacer operaciones contra los insurgentes, es la única manera de lograr que se dispersen. Si tienen bajas, los jóvenes se lo pensarán dos veces antes de echarse al monte», insiste el coronel mientras repasa, página por página, los nombres de sus enemigos. En los primeros puestos aparece también el nombre de Shia Khan, el cabecilla del grupo responsable de los últimos ataques contra las fuerzas españolas en el paso montañoso de Sabzak, una zona en la que hasta ahora había delincuencia, pero en la que nunca se habían registrado combates como los de esta semana en los que 13 insurgentes murieron y un sargento español resultó herido.
Ante la presencia de los hombres de Shia Khan en el único paso abierto para mercancías y pasajeros en muchos kilómetros a la redonda, España recibió la petición de ISAF (misión de la OTAN en Afganistán) de enviar una compañía para respaldar a la Policía afgana. Un centenar de hombres del «batallón electoral» desempeña esta tarea hasta nueva orden. «El mandato ISAF está claro. No hemos venido aquí para perseguir insurgentes, nuestra tarea es respaldar a las autoridades y fuerzas de seguridad locales. Sólo actuamos por petición suya y para apoyarles en sus acciones. Si nos atacan respondemos, nada más», repiten los mandos de la base española. Un mandato cada vez más cuestionado en la ISAF y que el nuevo comandante, Stanley McChrystal, parece dispuesto a cambiar. Ocho años de guerra no han logrado traer paz, gobernabilidad, ni seguridad. El general estadounidense «tiene la misión de combinar la parte positiva del mandato ISAF con la operación Libertad Duradera. No será sencillo, pero parece que es la dirección que está tomando», aseguran los mandos de Qala-i-Nao.
La Policía y el Ejército afganos están mal preparados y peor equipados y pagados, pero son los que están sobre el terreno las veinticuatro horas. Su impotencia se traduce en que en muchas ocasiones no puedan ofrecer resistencia y se limiten a informar a las fuerzas internacionales. Debido a la naturaleza de la misión España no cuenta, por ejemplo, con una unidad de fuerzas especiales en Badghis, un elemento considerado por los expertos como «básico» para poder vencer a los talibanes y otros delincuentes que controlan los distritos de esta provincia, del tamaño de Galicia, en la que España tiene la fuerza justa para su autoprotección.
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