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Sólo un tercio de los ciudadanos apoyan el ingreso en la Unión _ Erdogán y su partido no ocultan su desilusión
La sociedad turca vuelve la espalda al proceso de adhesión a la UE
Una mujer ondea su bandera en la última gran manifestación laica | AP
Un largo camino
Turquía manifestó, desde comienzos de los años 60, su deseo de formar parte de la Comunidad Económica Europea (CEE).
El Acuerdo de Ankara de 1963 y su protocolo adicional de 1970 fijaron los objetivos de la asociación Turquía-CEE.
Ya con la UE, la Unión Aduanera marcó, en 1996, el objetivo de la libre circulación de trabajadores, aún no materializado hoy en día.
En 1999, en el Consejo de Helsinki, se otorgó a Turquía el estatus formal de país candidato.
La Comisión Europea consideró en 2004 que Turquía cumplía los criterios y recomendó abrir las negociaciones de adhesión, ya en 2005.
Desde entonces Turquía ha realizado considerables cambios internos —incluida una reforma constitucional— con el fin de facilitar su adhesión.
En enero pasado, Erdogán
pidió a la UE agilizar las negociaciones.
«Los turcos se han olvidado de Europa. Nada ha ocurrido durante un montón de tiempo, y las perspectivas de entrar en la Unión Europea disminuyen cada día», afirma Cengiz Aktar, experto en la UE del diario «Hürriyet», entrevistado por ABC. Según los últimos sondeos, menos de un 35 por ciento de los turcos apoyan la idea de que su país entre en la UE.
El principal motivo es la sensación de que a los turcos no se les quiere en Europa, una percepción reflejada en el discurso de varios líderes europeos de primera fila. «La primera fue Angela Merkel, que promovió una situación de «relación privilegiada» con Turquía, lo que viene a significar: Turquía no puede ser un miembro de pleno derecho», explica Hugh Pope, analista del International Crisis Group en este país. «Esto fue recogido por el presidente Sarkozy en 2007, quien fue elegido por jugar la carta anti-turca», asegura.
Amenaza para Turquía
Este discurso ha tenido un coste en la opinión pública turca: una encuesta realizada en agosto por la Organización de Investigación Estratégica Internacional (USAK), con base en Ankara, refleja que Francia es considerada una amenaza para los intereses turcos. Y sólo un 0,64 por ciento de los encuestados consideraron a Alemania un país amistoso, mientras que en 2004 esta cifra era de un 8,2 por ciento.
Sólo el Partido Justicia y Desarrollo (AKP) del primer ministro, Recep Erdogán, sigue mencionando el proceso de adhesión como uno de sus objetivos principales. Pero ese apoyo, según la mayoría de los comentaristas, es ya más de palabra que real, puesto que no se están implementando las reformas necesarias. «En sus dos primeros años de mandato, el AKP estaba concentrado en su propia supervivencia política. Pero desde entonces han pasado otros tres años en los que no se ha hecho nada, y se podían haber hecho muchas cosas», afirma Pope. «El motivo es que el AKP se desilusionó con lo poco que ha obtenido de la UE, a pesar de sus esfuerzos».
El cisma de Chipre
El caso de Chipre sirve como ejemplo. «En 2004, los turco-chipriotas votaron a favor del Plan Annan para la reunificación, los greco-chipriotas lo rechazaron, y aún así, entraron en la UE como únicos representantes de Chipre, y tan pronto cruzaron el umbral, cerraron firmemente la puerta a Turquía», comenta Pope. Además, «la Comisión Europea declaró que los turco-chipriotas debían ser recompensados y que había que hallar una solución para acabar con el aislamiento del norte de Chipre. Pero nada se ha hecho», añade Aktar.
Gürsel Tekin, líder en Estambul del CHP, el principal partido de la oposición, indica que «algunos temas se suponía que serían abordados en el proceso en el momento adecuado, pero los europeos nos dictan «haz esto ahora», y ante eso la sociedad turca reacciona de forma negativa». Para Mehmet Perinçek, un académico miembro del ultranacionalista Partido de los Trabajadores, «éste no es el proyecto ni de Turquía ni de la Unión. Debilita a ambas partes, y hace que Turquía abandone sus principios nacionales». Según la encuesta de USAK, el 56% de los turcos creen que el mayor obstáculo para la entrada en la UE son «las diferencias culturales y religiosas» y «los prejuicios históricos contra Turquía».
Muchos opinan aquí que la «pérdida de soberanía nacional» y los sacrificios exigidos, sencillamente, no merecen la pena. Perciben que, hagan lo que hagan, no se les va a permitir el acceso, como afirma Perinçek: «Nos lo han dicho abiertamente: Turquía no entrará». Pero, apunta Gürsel Tekin, «si la UE dictase una fecha concreta para la entrada, el apoyo entre los turcos volvería a subir». De momento, eso parece lejos de ocurrir.
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