«Seguridad, queremos seguridad», es la exigencia que repiten los vecinos de Gargaitu, un pueblo cercano a la capital que controlan los blindados españoles š En uno de ellos se encontraba el enviado especial de ABC

Gargaitu. A las puertas de la capital de la provincia de Badghis en la que España lidera el Equipo de Reconstrucción Provincial (PRT), sus vecinos están acostumbrados al desfile diario de los vehículos blindados españoles que recorren los caminos cercanos a la capital. Pero no les parece suficiente y lo dicen abiertamente, sin sentirse intimidados por las armas, chalecos antibalas y cascos de los extranjeros.
«Sólo se preocupan por su propia seguridad, al comienzo todo era mejor, pero poco a poco fue empeorando y ahora los insurgentes tienen cada vez mayor presencia. ¡Están a menos de una hora!», lamenta Abdul Rahim, un joven de 25 años que combina el trabajo en el campo con las clases de inglés a mujeres, una ocupación que está a punto de dejar por el miedo a posibles represalias de los talibanes ya que «debido a las malas condiciones económicas muchos jóvenes se han echado al monte y se han unido al talibán».
En la base española son conscientes de que las llamadas «zonas rojas» están cada vez más cerca, lugares en los que el riesgo de sufrir un ataque es muy alto. Los coches recorren zonas de confianza y esa sensación se observa en los hombres que componen esta patrulla por los tres valles del sur de acceso a Qala-i-Nao. Pie en tierra los soldados se muestran muy cercanos a la población, algunos se quitan el casco, otros dejan el fusil en el blindado... «pero sin bajar la guardia», aseguran los mandos. A una media de diez kilómetros por hora, las moles blindadas de siete mil kilos provocan el atasco de las motos de los vecinos que se resignan a tragar el polvo y piden paso para poder llegar a casa a la hora del iftar.
Zonas vedadas
El centro urbano próximo al PRT es zona segura y allí se realizan patrullas a pie, aunque siempre con escolta armada. Como ocurre en el resto del país, la presencia internacional apenas garantiza seguridad y gobernabilidad más allá de las mismas calles de las capitales de provincia, los distritos próximos son zonas de riesgo. Las fronteras seguras de España se encuentran al sur y este de Qala-i-Nao, lugares donde las milicias tayikas locales no causan problemas. El principal punto negro es el paso de montaña de Sabzak, donde en esta semana se han registrado combates entre los hombres del líder tayiko y las fuerzas españolas. Al norte la amenaza es más seria y a partir del distrito de Muqur es «zona vedada», como la denominan en el PRT. Bala Murghab y Ghormach son calificados como «santuarios» desde los que los talibanes tienen posiciones seguras para aumentar su influencia en toda la provincia.
Los informes españoles plasman en el papel lo que los afganos sufren en carne propia. «La semana pasada estuve en Muqur con mi familia y vimos un grupo de doscientos talibanes en una aldea», asegura Zaid Fasil, que al ver un extranjero sin uniforme se ha acercado con la esperanza de que fuera un cooperante al que pudiera explicarle los problemas con uno de los pozos de agua de su barrio.
«Es cuestión de tiempo que los tengamos aquí, ¿entonces qué?», se pregunta este religioso que teme que la insurgencia siga avanzando y se haga con el control.



