Martes, 01-09-09
La canción del verano es un remake del «Que se mueran los feos» en política fiscal. Subir impuestos a los ricos es la nueva doctrina. El único problema es que no hay ricos suficientes para pagar los 50.000 millones de euros en que se estima el ajuste necesario en las cuentas públicas. Ni siquiera considerando ricos al 3% de españoles que declaran ganar más de 60.000 euros. Todo en la política económica de Zapatero es pura improvisación y así es imposible generar confianza. La ortodoxia fiscal ha pasado de ser un logro democrático a una guerra preventiva contra las conquistas sociales.
Lo cierto es que este país necesita repensar todo su presupuesto y reajustar sus prioridades. Se ha de acabar el gratis total en los servicios públicos si no queremos que su calidad se deteriore a niveles italianos y no haya dinero para inversión. Las subvenciones indiscriminadas a grupos sociales afines, el clientelismo empresarial y sindical, el despilfarro de las autonomías y los servicios que prestan ayuntamientos sin competencias ni dinero para ello. Ya hemos vendido todas las joyas de la abuela y nuestra capacidad de endeudamiento está tocando techo. Nuestro presidente sigue sin enterarse. Hurgando en el baúl de los recuerdos solo se le ocurre gravar las rentas de capital. Muy progre pero con un problema. El capital es por definición móvil y lo necesitamos precisamente para financiar las ocurrencias de este Gobierno y pagar los desajustes ahorro inversión. Si lo espantamos, ¿quién va a comprar la deuda pública?, ¿quién va a recapitalizar las cajas?, ¿quién va a volver a confiar en este país? Pero es que además, y no es demagogia sino una pura tautología contable, el capital es renta acumulada que ya ha sido gravada cuando se generó. Usted querido presidente ya pagó IRPF cuando ahorró parte de su sueldo para asegurarse el futuro. ¿Quiere pagar dos veces al marginal?

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