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El nuevo Gobierno japonés tiene el difícil reto de compaginar crecimiento económico y medidas sociales, como subida de pensiones y reducción de impuestos
El «sudoku» del nuevo premier japonés
Tokio revisará sus relaciones con EE.UU. y se acercará más a Asia
Aislados en su isla, los japoneses son los británicos de Asia, por lo que siempre han estado más próximos a Estados Unidos, su principal aliado militar, que a unos vecinos, como China y Corea del Sur, con los que todavía no ha cerrado las heridas de la Segunda Guerra Mundial. Pero, a diferencia de la política nacionalista marcada por halcones como Taro Aso o Junichiro Koizumi, Yukio Hatoyama pretende acercarse más a Asia y revisar sus relaciones con Washington. En una tribuna publicada la semana pasada en el “New York Times”, el primer ministro electo culpaba de la crisis financiera global a la “fundamentalista búsqueda del capitalismo de EE.UU.”. “Como consecuencia del fracaso de la guerra de Irak y la crisis, la era de la globalización dirigida por EE.UU. está llegando a su final”, aseguraba Hatoyama, quien aclaraba que “no todos los principios del mercado son malos, pero la actual situación económica muestra que deben hacerse correcciones en algunos aspectos cuyas reformas han ido demasiado lejos”.
Aunque el nuevo Ejecutivo nipón estará más preocupado de sus asuntos internos que de encolerizar a su tradicional aliado, Tokio pretende ser menos dependiente de la Casa Blanca. En juego está la continuidad de los 50.000 soldados americanos desplegados en suelo japonés y, en especial, la controvertida base aérea de Futenma, en la isla de Okinawa. Además, algunos miembros del PDJ piden el regreso de los barcos nipones que apoyan en el Océano Indico las operaciones del Pentágono contra el terrorismo internacional.
Actualizado Miércoles, 02-09-09 a las 04:37
¿Cómo financiará el primer ministro electo de Japón, Yukio Hatoyama, la prometida subida de pensiones y salarios reduciendo los impuestos sin aumentar la disparada deuda pública? Este es el “sudoku” al que se enfrenta el nuevo Gobierno japonés, que el triunfante Partido Demócrata de Japón (PDJ) formará dentro de las dos próximas semanas en coalición con dos fuerzas minoritarias y donde todas las miradas estarán puestas en el titular de Finanzas.
Debido a la gravedad de la situación que arrastra Japón desde principios de los años 90, Hatoyama ni siquiera podrá disfrutar del habitual periodo de cien días de gracia. La crisis ha acabado con el sistema de “trabajos para toda la vida” en las grandes corporaciones y el paro ha alcanzado un record histórico del 5,7 por ciento, el más alto desde la Segunda Guerra Mundial al afectar a 3,5 millones de personas, mientras que los precios han vuelto a desplomarse un 2,2 por ciento por la falta de consumo.
La generación de empleo y el enderezamiento de la maltrecha economía nipona son las principales tareas del nuevo Ejecutivo, que pretende compaginar el crecimiento con la puesta en marcha de unas costosas políticas sociales.
Durante la campaña electoral, Hatoyama prometió congelar hasta 2013 la subida de impuestos, disminuir del 18 al 11 por ciento las tasas sobre las pequeñas y medianas empresas, rebajar el precio de la gasolina, suprimir los peajes de las autopistas, elevar el salario mínimo, ayudar con 100.000 yenes (755 euros) a los parados en formación e incrementar los subsidios a los campesinos para revigorizar el alicaído consumo doméstico. Con el fin de acabar con el declive y envejecimiento de la población y fomentar la natalidad, su Gobierno entregará 26.000 yenes (192 euros) por cada niño en edad escolar. Dicha ayuda se suma a los 350.000 yenes (2.605 euros) que los padres reciben por cada hijo al nacer, ya que Japón tiene una población de 127 millones de habitantes pero está previsto que a mediados de siglo baje de los 100 millones.
Se calcula que, una vez se implementen en 2013, todas estas iniciativas costarán unos 16,8 billones de yenes (125.036). ¿Pero cómo va el Gobierno nipón a sufragar tales gastos cuando su deuda pública ya se acerca al 200 por ciento del Producto Interior Bruto?
Hatoyama ya ha dicho que no piensa aumentar la venta de bonos del Tesoro, que este año ha marcado un récord de 44,1 billones de yenes (332.888 millones de euros), pero el propio jefe de Política de su partido, Masayuki Naoshima, cree que será inevitable emitir más deuda pública para financiar tales proyectos.
Mientras el PDJ, formado por una constelación de políticos que van desde la extrema izquierda hasta antiguos liberales, lima sus diferencias internas, Hatoyama asegura que podrá financiar sus programas sociales reduciendo la costosa e inútil burocracia y acabando con el despilfarro de las obras públicas.
Además, cuenta con el plan de estímulo de la economía aprobado por el anterior Ejecutivo de Taro Aso, cifrado en 25 billones de yenes (188.592 millones de euros). En este sentido, el PDJ ya se propone reutilizar los 14 billones de yenes (105.660 millones de euros) presupuestados para este año fiscal, que concluye el 31 de marzo de 2010.
Pero dichas intenciones son contempladas con escepticismo por numerosos analistas y, sobre todo, por la clase empresarial, que le ha pedido a Hatoyama una reforma “realista de los sistemas social, laboral y de pensiones”.
Sin tiempo que perder, los próximos meses serán decisivos para comprobar si el nuevo Gobierno japonés puede sacar a la antigua locomotora de Asia del túnel en que se encuentra sumida desde principios de los 90.
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