Triunfo trabajado. Con ráfagas de buen juego y con otros tantos desajustes defensivos propios de un equipo que mira demasiado para adelante y menos de la cuenta hacia atrás. Pudo acabar en goleada y se llevó un premio raspado. El Depor sufrió para defenderse del acoso a la vez que mostró el camino para hacer daño a un proyecto que precisa de más tiempo para armarse.
El Real Madrid llevó el partido al escenario que más le convenía. Al campo contrario. Para presionar, para morder, para atacar, para intentar resolver por la vía rápida. Un gesto encomiable, pero que precisa de mucho corazón y de más coordinación. Fueron veinte minutos de falso asedio, de mucha vistosidad pero de poca eficacia. Veinte minutos de efecto gaseoso. De mucho talento en momento puntuales, pero siempre sin poner a prueba a Aranzubía.
Es el nuevo Madrid. Un equipo con tanta capacidad como pegada. Que levanta a los aficionados de sus asientos y que provoca el ¡oooooh! con una bicicleta de Cristiano Ronaldo, con un taconazo de Kaká o con un sombrero de Benzema. Nada que ver con etapas más recientes maquilladas con los títulos ligueros. Ahora hay para disfrutar, para ilusionar y para llegar el Bernabéu cada tarde. Es la filosofía del viejo Madrid. Calidad y sacrificio. Goles y tacos. Espectáculo y corazón.
Otra cosa es la logística. Pellegrini se empeña en montar el equipo con dos centrocampistas puros y con cuatro delanteros que se mueven siempre por dentro y pocas veces asoman a las bandas. Y sin centrocampistas es más difícil jugar al fútbol. Es el peaje de acumular futbolistas que se manejan en la media punta y que no son delanteros puros ni medios al uso. Es más complicado defender, como en el segundo gol del Deportivo, con Valerón solo en la frontal.
Con esta disposición táctica el equipo cae en la trampa perniciosa del embudo en la mayoría de las veces que ataca. Todo por el centro. Por donde hay más contrarios y es más fácil defender para el rival. Las bandas son un prado virgen, pisado ocasionalmente por los laterales, cuidadosos siempre de no perder la referencia defensiva.
Así ha diseñado el entrenador el trabajo. Apuesta por el talento en detrimento del equilibrio. Y así aparece el desorden. El Depor bastante tuvo con defenderse de los rulos de la apisonadora, pero tuvo tiempo para medir las carencias del rival. Lo hizo en un par de coladas por los extremos y en el chollo de las jugadas a balón parado. Una falta ensayada desde el costado derecho la remató Riki a placer. Un mal endémico de la pretemporada, donde recibió cinco goles de laboratorio.
Valerón gozó de la ocasión más clara, pero su remate se marchó fuera. Aviso para el resto de rivales. Si fallas, luego no te perdonan. Así lo haría más tarde Lass.







