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Todos son «hijos de» en el Parlamento japonés
Los candidatos presidenciales Yukio Hatoyama y Taro Aso.
Actualizado Jueves, 27-08-09 a las 21:41
Todo queda en familia en la política de Japón, uno de los países más desarrollados del mundo, pero donde sus principales dirigentes vienen heredando sus cargos desde hace décadas gracias a sus apellidos de rancio abolengo.
Con la vista puesta en las elecciones generales que tendrán lugar este domingo, y que podrían provocar un vuelco histórico si la oposición acaba con medio siglo de hegemonía del partido en el poder, un tercio de los diputados son herederos políticos. Se trata de los “botchan” o “hijos de familias ricas” que, como si fueran testamentos, han recibido de sus padres las circunscripciones y los “contactos” para recaudar los fondos que posibilitan su elección.
Sin ir más lejos, los dos principales candidatos en estos comicios tienen una larga tradición política en su familia. Para empezar, destaca el actual primer ministro y aspirante del gobernante Partido Liberal Democrático (PLD), Taro Aso, cuyo abuelo, Shigeru Yoshida, fue el primer ministro encargado de firmar la paz con Estados Unidos tras la derrota del imperio del Sol Naciente en la Segunda Guerra Mundial.
Por su parte, el candidato socialdemócrata del Partido Demócrata de Japón (PDJ), Yukio Hatoyama, también es nieto de otro primer ministro, Ichiro Hatoyama, quien precisamente sucedió a Yoshida y se convirtió en el primer jefe de Gobierno del PLD en 1955.
Aunque su nieto milita ahora en el partido opositor, el PLD ha mantenido el control de la política nipona durante prácticamente todo el último medio siglo, salvo un periodo de once meses de gobierno socialista en 1993.
Un cambio histórico
Pero según indican todas las encuestas, Hatoyama está destinado a protagonizar un cambio histórico en Japón, por lo que muchos analistas ya lo comparan con el presidente de EE.UU., Barack Obama. A pesar de sus orígenes ilustres, Hatoyama apuesta por insuflar nuevos aires en la endogámica política nipona. Para ello, asegura que no es un candidato hereditario, ya que ha concurrido a estas elecciones por una circunscripción distinta a la de su padre.
A su favor cuenta con la crisis económica y la decadencia social en que se encuentra sumido Japón, donde el viejo sistema político vuelve a hacer aguas. En los tres últimos años, el archipiélago nipón ha visto cómo se sucedían tres primeros ministros, todos ellos herederos políticos y todos ellos incapaces de resolver los graves problemas que sufre el país.
Y todo ello teniendo en cuenta que el polémico pero carismático Junichiro Koizumi arrasó en los comicios celebrados en septiembre de 2005, que planteó como un órdago para llevar a cabo sus profundas reformas económicas. Pero Koizumi dimitió justo un año después al expirar su mandato al frente del PLD y, por tanto, también su cargo como jefe de Gobierno.
Arrestado como sospechoso criminal de guerra
A Koizumi le sucedió Shinzo Abe, hijo de un antiguo ministro de Asuntos Exteriores, Shintaro Abe, y nieto de Nobusuke Kishi, que fue arrestado como sospechoso criminal de guerra pero luego no sólo no fue juzgado, sino que se convirtió en jefe de Gobierno entre 1957 y 1960 y fundó el PLD junto al abuelo de Taro Aso.
Acosado por numerosos escándalos de corrupción y por la inexplicable pérdida de millones de cotizaciones a la Seguridad Social, Abe apenas duró un año en el cargo y presentó su renuncia en septiembre de 2007 aquejado por fuertes problemas de salud.
Le relevó Yasuo Fukuda, un veterano político que también era hijo de Takeo Fukuda, quien fue primer ministro entre 1976 y 1978 y firmó un histórico tratado de amistad con China.
Fukuda tampoco pudo reconducir la deteriorada situación y en septiembre de 2007, a un año vista de las elecciones generales, fue sustituido por Taro Aso, a quien los sondeos dan como perdedor en los comicios de este domingo.
Un viejo sistema político lleno de grietas
En caso de producirse finalmente, su derrota podría suponer la liquidación de un viejo sistema político lleno de grietas que no ha sido capaz de adaptarse a los nuevos tiempos. No en vano los ministros de los distintos gabinetes que se han sucedido en Japón son también hijos de políticos veteranos, como el titular de Finanzas, Shoichi Nakagawa, quien dimitió en febrero al causar un gran escándalo por comparecer en una rueda de Prensa bajo un aparente estado de embriaguez..
Por todos estos motivos, tanto el opositor PDJ como el gobernante PLD ya han anunciado que limitarán los herederos políticos en sus filas, pero en las listas del segundo aparece el hijo del ex primer ministro Junichiro Koizumi.
A sus 28 años, Shinjiro Koizumi se presenta por el distrito de Yokosuka, una ciudad portuaria al sur de Tokio donde su familia ya ha contado con otros tres diputados en el pasado. Su rival del PDJ es Katsuhito Yokokume, otro joven de 28 años graduado por una de las mejores universidades de Tokio y que se mueve en bicicleta y tren entre los electores de su circunscripción. A pesar de su cercanía, pocos pueden recordar luego su nombre, mientras que les resulta difícil olvidar el apellido Koizumi.
El próximo domingo, las urnas decidirán si los japoneses apuestan por el cambio o siguen apoyando a los herederos políticos.
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